sábado, 9 de diciembre de 2017

Las vidas ocultas del jefe de la escolta de Manuel Azaña

Azaña junto a Giménez Orge en 1936
Héroe de la Guerra de Cuba, represor en las manifestaciones obreras de los años veinte, apasionado de las carreras de galgos e importante figura dentro de la masonería española. Así podría describirse  al Comandante Alfredo Giménez Orge, jefe de la escolta del presidente de la República Manuel Azaña al que acompañaría a Francia tras la Guerra Civil, convirtiéndose en uno de sus hombres de confianza hasta su muerte. Hoy sacamos del anonimato la historia de un personaje apasionante y completamente desconocido en España. Gracias a un estudio pormenorizado de su hoja de servicios, así como de información de gran valor del Archivo de Salamanca hemos podido reconstruir la biografía de este militar que podría ser digna de película o de un libro de aventuras. 

Con apenas 18 años, en 1892, Alfredo ingresó somo "soldado voluntario" en la Compañía de la Escuela de Clases del Colegio de Huérfanos de Infantería María Cristina. La situación económica de su familia tras la muerte de su padre no era demasiado buena por lo que no le quedó más remedio que enrolarse en la Infantería española como soldado raso aunque a él le hubiera gustado haber estudiado para ser militar de carrera. Como veremos más adelante, su vida terminaría dando un giro radical unos años más tarde. 

Recién ingresado en el Ejército ya despuntaba dentro de su compañía y al año siguiente a su incorporación fue promovido por "elección" al empleo de cabo, siendo destinado al Batallón de Cazadores de Alba de Tormes número 8, batallón que años atrás había brillado durante las guerras carlistas. Como "cazador" estuvo destinado en Getafe y Zaragoza, participando en numerosas operaciones de montaña en Huesca y Jaca. En 1894 fue ascendido "también por selección" a sargento (tenía 20 años). En esta ocasión tuvo que dejar su batallón para marcharse al Regimiento de Infantería del Infante número 5, aunque siguió prestando servicio en la guarnición de Zaragoza hasta 1896.

Héroe en la Guerra de Cuba

Por estas fechas en Cuba, una de las últimas colonias españolas, se estaban produciendo revueltas y levantamientos de la población local contra los intereses de nuestro país. Varias guarniciones habían sido atacadas en diferentes puntos de la isla empezando así una guerra que se prolongaría hasta 1898. Miles de jóvenes españoles, militares profesionales o reemplazos, fueron enviados hasta Cuba para combatir a los insurgentes. Entre ellos estaba Giménez Orge que fue se tuvo que trasladar en enero de 1896 junto enrolado dentro del Batallón Expedicionario de su regimiento.  Abandonó Zaragoza por tren el 20 de enero para llegar a Barcelona el mismo día donde embarcó en el Vapor Colón, ya por la noche. Tras nueve días de navegación, finalmente llegó con su batallón al puerto de La Habana el 29 de enero de este 1896. 
Hoja de Servicios de Giménez
Orge

Sin apenas descanso y exhausto por el viaje, el sargento Giménez y su batallón fueron enviados el mismo día de su llegada hasta la zona de operaciones de Catalina de Güines. Aunque la tensión era palpable en la zona, su primer contacto con el enemigo tardó en llegar. En concreto se produjo en la madrugada del 29 de marzo de ese 1896 en una zona conocida como las Lomas del Cucuyo. En su hoja de servicios no hay más detalles de su primer combate como militar, sin embargo, se dice que apenas dos días después de ese enfrentamiento armado con rebeldes cubanos, su batallón fue enviado a San José de las Lajas, donde las tropas españolas estaban sufriendo importantes reveses en la guerra de guerrillas. 

Sabemos que Giménez Orge participó a las órdenes del Coronel Bernardo Areces en los famosos combates de Tienda de Gamuza el 7 de junio de 1896 en la zona conocida como las Lomas del Triunfo. Tras los combates quedó encuadrado en el Batallón de San José de las Lajas, participando en la Batalla de los Guayabitos el 8 de octubre donde las bajas españolas fueron muy significativas. En esta batalla, desarrollada en la zona de Pinar del Río, las tropas españolas tuvieron que emplearse a fondo para detener (a balloneta calada) el avance del General cubano Antonio Maceo. Por su "acción heroica", Alfredo fue condecorado con la Cruz de Plata al Mérito Militar con distintivo Rojo, consiguiendo dar un paso de gigante en su trayectoria profesional "por méritos de guerra".

El 29 de diciembre de este año regresó hasta la Habana para ingresar en la Academia Preparatoria Militar donde realizó el curso de ascenso a teniente segundo. Giménez Orge tenía claro que su objetivo en la vida era ser militar de carrera como lo había sido su padre hasta su repentino fallecimiento unos años atrás. En esta academia estuvo hasta el 8 de febrero de 1897 cuando se incorporó "ya como oficial" a su Batallón, regresando a zona de operaciones. Este año participó en numerosos combates entre los que destacan la batalla de los Montes de Echevarría (01 de marzo), Perico Pozo (14 de abril), Abra Venturosa (28 abril), Inglesito(6 de abril), Santa Ana (6 de junio), Lomas del Taburete (16 de septiembre) o Chiprés (15 de diciembre). En todos estos combates estuvo a las órdenes del General Hernández de Velasco.

Giménez Orge comenzó el 1898 a las órdenes del Comandante Pedro Rivera, el oficial español de más graduación que se encontraba en la extrema vanguardia durante las operaciones militares desarrolladas en la zona de Santa Paula. Nuestro protagonista fue uno de sus hombres de confianza hasta que Rivera resultó herido de muerte en un contrataque cubano en el que las tropas españolas se vieron cercadas en el poblado de la Candelaria entre los días 25 y 30 de abril. Éste fue quizás uno de los momentos de más tensión que tuvo que hacer frente durante la guerra el teniente Giménez.
Más adelante se incorporaría al Regimiento de Infantería Saboya número 6 en el que participaría en los combates contra tropas insurrectas en el Novillo el 12 de junio. Por su participación en esta escaramuza le fue concedida la Cruz de Primera Clase del Mérito Militar. 

En un hospital cubano y de regreso a España

A lo largo de este año participó en otras operaciones hasta que fue enviado al puesto avanzado de la Costa Norte de Cuba donde permanecería hasta el 5 de agosto, fecha en la que tuvo que ingresar en el Hospital Militar de Cárdenas tras sufrir unas fiebres muy altas. Le dieron una licencia de cuatro meses para recuperarse  en la península, sin embargo se quedó en "expectativa de embarque" en la Habana durante varias semanas. Finalmente el 27 de noviembre de este 1898 consiguió salir de Cuba a través del Vapor Correo Montevideo. Por entonces, la guerra ya estaba más que perdida para España tras la incorporación al conflicto de EEUU. 

Soldados españoles en Cuba 
Alfredo llegó al puerto de Barcelona el 15 de diciembre de 1898, cinco días después de que se firmara el Tratado de París por el que España renunciaba a sus dominios en Cuba que declaró su independencia. Por lo tanto, el teniente Giménez se encontraba navegando rumbo a España cuando definitivamente perdimos nuestras últimas colonias. 

Un año después de regresar de Cuba y aprovechando la medalla que recibió por su valor en Pinar del Río, consiguió ingresar como alumno en la Academia de Caballería de Valladolid. Se incorporó a la academia el uno de septiembre de 1900, permaneciendo en la misma hasta julio de 1903, fecha en la que terminó sus estudios ya como "teniente segundo" de la escala activa. Por aquel entonces, tenía casi treinta años, una edad demasiado alta para un oficial recién salido de la academia, sin embargo, no hay que olvidar que Alfredo Giménez Orge había empezado su andadura militar como soldado raso a los 18 y había ido escalando rangos "por méritos propios" hasta lograr la oficialidad. 

Su primer destino como teniente de Caballería fue el Regimiento de Cazadores de Galicia número 26 con sede en La Coruña, curiosamente su ciudad natal. En 1904 participó en la escolta del mismísimo Rey de España Alfonso XIII en un viaje a Santiago de Compostela. Un año más tarde fue destinado a Burgos y posteriormente a Zaragoza al Depósito de Sementales. En 1907 realizó el Curso en la Escuela Superior de Guerra aunque volvería muy pronto a la guarnición de Burgos donde realizaría servicios en la guarnición de la ciudad. 

En 1909 empezaría a participar en diferentes concursos hípicos que se celebraban en la geografía española, compaginando su participación con sus quehaceres militares. Entre 1910 y 1911 formó parte de la escolta del Rey en una visita que hizo a Burgos y posteriormente también le escoltó en sus desplazamientos a Bilbao y San Sebastián. Era a todas luces una premonición de lo que pasaría con nuestro hombre años más tarde cuando se proclamó la República en 1931.

Reprimiendo manifestaciones

 El 10 de octubre de 1911 le enviaron desde Burgos y hasta Bilbao para participar en la represión de las "alteraciones del orden público" que se había producido en esta ciudad debido a una huelga de obreros. Fue condecorado por su actuación en esos disturbios y a partir de ese instante también pasó a formar parte como profesor de la academia de cabos que iban a ser destinados a la "sección de obreros" de Caballería, una especie de unidad antidisturbios creada en 1912 para luchar contra las huelgas y movimientos sociales. 
Giménez Orge a caballo

Hasta 1915, año en el que ascendió a Capitán, no se produjeron grandes cambios en la vida de Giménez Orge, más allá de que finalizó de manera muy exitosa un curso en la Escuela Central de Tiro. Un año después fue premiado con un viaje al extranjero por sus jefes por su implicación a la hora de realizar una memoria de actividades de su regimiento . El viaje no lo pudo realizar finalmente por el desarrollo de la I Guerra Mundial. 

En 1917, ya al mando de un escuadrón, fue enviado hasta Santander para prestar de nuevo "servicio de mantenimiento de orden público" con motivo de una huelga general organizada por UGT y el PSOE que tuvo lugar en toda España. Estando en la capital cántabra organizó una partida urgente hasta Torrelevega donde se habían levantado barricadas. También participó en la protección de lugares estratégicos de la capital cántabra como la Estación Norte, la red de tranvías santanderinos o la línea del ferrocarril cantábrico. Al frente de su escuadrón dirigió partidas nocturnas para evitar reuniones de los huelguistas, sorprendiéndoles en muchos casos e incluso practicando detenciones en los campos de Albericia. También realizó servicios de protección de los astilleros y del polvorín de Santander. Fruto de su trabajo Giménez Orge fue felicitado por el Capitán General de la Plaza, felicitación de la que queda constancia en su hoja de servicios. Debido a su participación en los sucesos de Santander fue nombrado socio honorífico de la Sociedad Hípica Montañesa.

Este mismo año también sería felicitado personalmente por los Reyes de España (Alfonso XIII y Victoria Eugenia) tras haber participado en un concurso hípico que tuvo lugar en el hipódromo del Paseo de la Castellana.  Por estas fechas su vida militar se empezó a tranquilizar tras ser destinado como profesor a la Escuela Central de Tiro del Ejército de Madrid (tenía por aquel entonces 44 años). Su vida cambiaría en 1924 cuando fue destinado de nuevo a una unidad de acción como era el Regimiento de Lanceros de Borbón, 4º . Se incorporó al regimiento cuyo Estado Mayor estaba en Burgos en diciembre de este año haciéndose cargo del escuadrón de ametralladoras. 

 Fue en 1925 cuando ascendió a Comandante, incorporándose al año siguiente en situación de "disponible" a la Primera Región Militar (zona de Madrid y el centro de España), situación en la que se encontraría hasta el año 1931. En la hoja de servicios de nuestro protagonista no constan detalles de las actividades que hizo el ya Comandante Giménez entre 1926 y 1931. Llama la atención que durante toda esta década  no fue enviado a Marruecos donde se estaba celebrando la campaña del Rif y donde los militares profesionales de Caballería eran muy cotizados. 
Giménez Orge en un acto oficial con el estandarte de su
batallón

Tenemos conocimiento por medio de unos documentos localizados en el Archivo de la Memoria Histórica que Giménez Orge sintió cierta simpatía por la Sublevación de Jaca promovida por los capitanes Fermín Galán y Ángel García en 1930. A todas luces, ya se podía vislumbrar que las ideas de nuestro hombre podían ser republicanas o partidarias de poner fin a la Monarquía. Una vez proclamada la República el 14 de abril de 1931, formó parte de la Comisión Ejecutiva del Monumento a los "Mártires de Jaca" que se iba a levantar en la ciudad aragonesa por estas fechas.

Su acercamiento a Manuel Azaña

Aunque es más que posible que ya se conocieran de antes, Giménez Orge fue nombrado en verano de 1931 (cuatro meses después de la proclamación de la República) ayudante de campo de Manuel Azaña, por aquel entonces Ministro de la Guerra. Creemos que fue el propio Azaña el que le nombró personalmente su "ayudante" por la proximidad ideológica que sentía hacia su partido,  Izquierda Republicana. De hecho, Francisco Giménez Orge (hermano de Alfredo y también militar) estaba afiliado por aquel entonces al partido del político de Alcalá de Henares. 

La influencia de Azaña en Giménez Orge fue enorme (o al revés) como comprobaremos más adelante. Tan solo estuvo seis meses trabajando codo con codo con él pero tenemos conocimiento de que participó en la redacción de la conocida como 'Ley Azaña' que pretendía modernizar y democratizar el Ejército. Desde entonces apareció en un sinfín de actos de carácter político para convencer a los oficiales de las Fuerzas Armadas de las ventajas que tenía el sistema republicano para la sociedad castrense. En los periódicos de la época hay constancia de muchas de estas conferencias que tuvieron lugar en Madrid (algunas de ellas en el Cuartel de la Montaña), Córdoba o Valencia. También este año compatibilizó su puesto como ayudante del Ministro de la Guerra con el nombramiento que le hicieron de Jefe del Grupo de Escuadrones de Auto Ametralladoras y Cañones.

Documento de la DGS sobre
Giménez Orge
En enero de 1932 fue nombrado jefe de la escolta del Presidente de la República que por aquel entonces era Niceto Alcalá Zamora. Su nombramiento apareció en todos los periódicos de la época en los que se destacaba tanto su profesionalidad como su clara adhesión a la República. Debido a su cargo tuvo que acompañar en todo momento al político cordobés en sus desplazamientos por España:  con él visitó las ciudades de Segovia, Toledo, San Sebastián o Santander. Tuvo que hacer frente a situaciones de gran estrés como la Sansurjada que sorprendió a Alcalá Zamora en el Palacio de la Granja. Tras conocer el levantamiento militar, Giménez Orge acompañó al presidente de la República a su regreso a Madrid junto a una veintena de escoltas ya que existía peligro de que el mandatario de Priego pudiera tener algún problema con los golpistas.


Mientras dirigía la escolta del presidente de la República, Giménez Orge siguió haciendo "buenas migas" con Manuel Azaña, del que había sido su "ayudante personal". De manera clandestina, en el mes de febrero de 1932, tanto el político como el militar se iniciaron en el mundo de la masonería. La fecha clave es el día 2 de febrero día en el que los dos ingresaron en dos logias diferentes: Azaña lo hizo en la Logia Matritense y Giménez Orge en la Logia Ibérica de Madrid. Nuestro hombre tenía por aquel entonces 58 años y sabemos que por aquel entonces residía en un pabellón para oficiales solteros en el Cuartel de Pacífico (Vallecas) de Madrid.  

La incorporación a la masonería

Hemos podido confirmar estas informaciones a través de varios documentos encontrados en el Archivo de Salamanca. Se trata de documentos del año 1943 que proceden del Tribunal para la Represión de la Masonería. En ellos aparece el nombre de Giménez Orge vinculado estrechamente a la Logia Ibérica desde 1932. En esos documentos se dice también, que aunque empezó su etapa como masón con "los hermanos de la Ibérica", años más tarde asumiría cargos de gran responsabilidad en la Gran Logia Regional del Centro. Entre los cargos que aparecen en la investigación del Tribunal destacan:

- "Gran Tesorero" de la Gran Logia Regional del Centro según consta en el "cuadro de dignidades" que la citada logia dirige con fecha del 22 de junio de 1934 a todas las logias y triángulos de la federación. También ocupa el cargo de gran tesorero de la Comisión Ejecutiva de esta logia según aparece en el cuadro anterior. Sabemos que en el año 1937, Giménez Orge seguía ocupando este cargo de gran tesorero por un escrito que consiguió neutralizar el Ejército Franquista poco tiempo después de terminar la guerra. 

- "Representante" de la Gran Logia Regional del Centro ante el Gran Consejo Federal Simbólico según el escrito que dirigió este consejo a la Logia Acacia número 18 de Barcelona con fecha del 18 de agosto de 1938. En el escrito se pide a esta logia barcelonesa que remita el "cuadro lógico" de la misma "por conducto al hermano Giménez Orge". 

- En octubre de 1937 la Gran Logia Regional del Centro redactó un decretó en el que aparecían reflejadas las condiciones reglamentarias para ser elegidos "Gran Maestre" de dicha logia por parte de sus miembros. Entre los candidatos se encontraba Alfredo Giménez Orge. Este documento también fue interceptado tras la Guerra Civil por el Ejército Nacional. 

Giménez Orge junto a Manuel Azaña

Aunque Alfredo Giménez Orge se podría haber retirado del Ejército el 24 de noviembre de 1934 (con sesenta años, según su hoja de servicios), no lo hizo y siguió ocupando el cargo de jefe de la escolta presidencial pese a encontrarse en situación de "reserva". Además de acompañar a Alcalá Zamora en todos y cada uno de los actos que celebraba como presidente de la República, también participó en diferentes  presentaciones de credenciales diplomáticas de los nuevos embajadores que llegaban a Madrid. De estas actuaciones hay constancia en los medios de comunicación de la época a los que hemos tenido acceso a través de la Hemeroteca Nacional. En junio de este 1934 nuestro personaje tuvo que ser operado (desconcemos el motivo) en el Hospital Militar de Madrid por el mismísimo doctor Gómez Ulla. Durante las dos semanas que tuvo que permanecer ingresado, el Comandante Giménez recibió la visita de Alcalá Zamora. 

Hemos descubierto también que por estas fechas Giménez Orge vibraba con un hobbie desconocido hasta la fecha: las carreras de galgo. En periódicos como La Libertad o el Diario El Sol hay numerosas referencias al Comandante por participar varios de sus perros en el viejo canódromo de Carabanchel en carreras y torneos. Curiosamente uno de sus galgos más afamados de Madrid se llamaba Escolta y el otro Pichi I. 

En el año 1935 fue nombrado ayudante del Presidente de la República y Secretario del Cuarto Militar del mismo. Simultaneó estos cargos con la jefatura de la escolta de Alcalá Zamora hasta que tras las Elecciones de 1936, Manuel Azaña se convirtió en el nuevo presidente de la República.  Los dos viejos amigos se volvían a encontrar, aunque en realidad nunca habían llegado a separarse: su contacto era directo ya no solo a nivel político sino también a nivel oculto. Ambos ocupaban cargos de responsabilidad en sus respectivas logias masónicas. En lo estrictamente profesional, siguió ocupando las mismas funciones con Azaña que con Alcalá Zamora. 

El inicio de la Guerra Civil

El 18 de julio de 1936 sorprendió al Comandante Giménez  junto con Azaña en el Palacio de la Quinta del Duque del Arco, un pequeño palacete de caza situado en el corazón de El Pardo. El presidente de la República se había marchado a descansar unos días hasta este precioso rincón a escasos kilómetros de Madrid a principios de julio. Fue allí donde le informaron de que se había producido un alzamiento militar en Marruecos y que en Madrid había algunas guarniciones que se encontraban sublevadas. Como jefe de la escolta, Giménez Orge se tuvo que emplear a fondo para convencer a Don Manuel de marcharse de El Pardo y desplazarse a toda prisa a Madrid ante la amenaza de que los oficiales rebeldes del Regimiento de Ingenieros pudieran detenerle en el mismísimo palacete de la Quinta. Nuestro protagonista introdujo al presidente en uno de los tres coches de la escolta trasladándole hasta el Palacio Nacional donde estaría "más seguro". 

Azaña paseaba por este jardín cuando le informaron de la
sublevación militar en Marruecos

Ni Azaña ni Giménez Orge volverían nunca más a la Quinta. En una ocasión el político republicano le llegó a decir a Negrín, cuando éste era presidente del gobierno, en tono de broma: 

“Cuando gane usted la guerra, Negrín, me permitirán ustedes que deje de ser presidente de la República, a cambio de que me nombre usted para el cargo que más me gusta. El de guarda mayor y conservador perpetuo de El Pardo, con mero y mixto imperio dentro del monte, para hacer de él lo que en cualquier país de gusto estaría hecho desde hace mucho tiempo. Sin retribución alguna, ni otra recompensa que el derecho a vivir en cualquiera de estas casas, no en palacio, ciertamente”.

Durante la Guerra Civil el jefe de su escolta siguió los pasos de Azaña. Ante la proximidad de las tropas nacionales a Madrid, tanto el gobierno de la República como el propio presidente de la misma abandonaron la capital para marcharse a Valencia y Barcelona. Se instaló con él en la ciudad condal donde a punto estuvo de morir durante los enfrentamientos entre comunistas y anarquistas en mayo de 1937. Un grupo de anarquistas le retuvieron y desarmaron cerca de la central de Telefónica hasta que comprobaron que realmente estaba a las órdenes de Azaña. Lo que nunca supieron aquellos milicianos que le apuntaron con sus armas es que el hermano del Comandante Giménez (Francisco) estaba al mando de una columna del POUM en Guadalajara.

En 1937, con 63 años, Giménez Orge abandonó el cargo de jefe de la escolta del presidente de la República por su avanzada edad, ocupando su puesto otro oficial de Caballería gallego llamado Cándido Viqueira. Pese a desvincularse de la seguridad más inmediata de Azaña, el militar de nuestra historia siguió muy cerca de él, manteniendo su puesto de ayudante de campo. Por cierto, el 12 de enero de 1937 consiguió su ansiado ascenso a Teniente Coronel. 

A través de la Biblioteca Virtual de la Defensa hemos localizado otro ascenso muy interesante de Giménez Orge. En el boletín del Diario Oficial del Ministerio de Defensa Nacional, con fecha 6 de diciembre de 1938, se le concede el ascenso a Coronel. Al parecer había presentado una reclamación formal unas semanas atrás porque consideraba que las Fuerzas Armadas no habían sido "justas" con él en materia de ascensos. Se quejaba de que no habían tenido en cuenta su antigüedad en el Ejército ni su participación en la Guerra de Cuba por el hecho de pertenecer a la rama de Infantería. Gracias a sus buenas relaciones políticas, cuando la guerra estaba tocando su fin, se produjo su ascenso a Coronel.
Periódico francés que informa sobre Giménez Orge
en Perpiñán

La Guerra Civil estaba muy cerca de terminar en febrero de 1939. Las tropas de Franco ya habían alcanzado Barcelona y miles de personas trataban de huir de España rumbo a Francia a través de la provincia de Gerona. Uno de esos fugitivos era el propio Azaña que el 5 de febrero se encontraba junto a su séquito de confianza (entre los que estaba Giménez Orge) en la localidad de La Vajol, a pocos kilómetros de la frontera francesa. Allí pasaron todos su última noche en territorio español. Ese mismo día el todavía presidente de la República hizo formar a los soldados de su escolta gritando "Soldados, viva la República". 

La marcha a Francia

Pocas horas después de aquel grito, el séquito de Azaña emprendió su marcha hasta el primer pueblo de Francia, Les Illes. Aquel séquito estaba formado, además de por el presidente de la República, su esposa, su cocinero, su médico los miembros de su escolta, el ministro José Giral, Martínez Barrio y Juan Negrín. Cuentan algunas crónicas de la época que algunos de estos individuos tuvieron que pasar la frontera a pie porque había demasiado hielo en la carretera. Dicen también que los carabineros que custodiaban los pasos fronterizos presentaron sus armas al ver al presidente de la República abandonar España. 

En cualquier caso estamos cien por cien seguros de que Giménez Orge llegó hasta a Francia junto a Azaña el 6 de febrero de 1939. El periódico francés L´Est Republicain les sitúa a ambos en Perpiñán este día insinuando que Azaña podría desplazarse en pocas horas hasta país. En concreto el periódico dice lo siguiente: "La agencia Havas ha entrevistado al General Masquelet (jefe del gabinete militar de la presidencia de la República) y al Comandante Giménez Orge (jefe de la Guardia Presidencial) confirmando la posibilidad de que Azaña se pueda trasladar a París". La noticia aparecía firmada en Perpiñán el 6 de febrero aunque los informadores no eran del todo concisos: Giménez no era Comandante sino Coronel. 

No es la única presencia de Giménez Orge en la prensa internacional tras abandonar España junto al presidente de la República. El 10 de febrero de 1939, un corresponsal del periódico polaco Siedem Groszy afirmaba que nuestro protagonista podía desplazarse desde Perpiñán hasta Hendaya con otros militares republicanos para "parlamentar con emisarios de Franco". Desconocemos si realmente se produjo el encuentro al que hacía referencia el periodista. 
Periódico polaco escribe sobre Giménez Orge

A partir de estas fechas en www.guerraenmadrid.com  le perdemos la pista a Giménez Orge. Existen muchas posibilidades de que siguiera unos años más en Francia hasta que empezó la II Guerra Mundial y los exiliados republicanos corrían el riesgo de ser detenidos por los nazis. Hay incluso algunas teorías que le sitúan en la localidad Montauban en 1940, lugar en el que moriría Azaña el día 3 de noviembre. Al parecer  Giménez Orge tenía una gran relación de amistad con Felipe Gómez Pallete, médico personal del presidente de la República que estaba muy cerca de él por esas fechas pero que decidió suicidarse. 

 Sabemos  que años después no regresó a España como si hizo el General Masquelet que terminaría muriendo en La Junquera (Gerona) en 1948 tras ser juzgado por Franco. Existen muchas posibilidades de que Giménez Orge se exiliara a México como hizo en los años cuarenta Cándido Viqueira (jefe de la escolta de Azaña desde 1937).

Franco tras sus pasos

Poco tiempo después de terminar la guerra, en diciembre de 1939, agentes del SIPM (Servicio de Información y Policía Militar de Franco) intentaron localizarle "sin éxito" tras encontrar documentos de él que apuntaban directamente a su pasado masónico. Estas indagaciones quedaron en saco roto hasta que en 1943 el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería trató de averiguar de nuevo su paradero.

De hecho, el presidente del tribunal emitió una orden de "busca y captura" en territorio español para intentar localizarle. Esta orden, dirigida a la Dirección General de Seguridad (DGS), fue infructuosa como hemos podido comprobar en varios documentos localizados en el Archivo de Salamanca. De hecho, la DGS apuntaba que "creían que este individuo se encontraba huido en el extranjero". Una investigación de los Servicios Especiales del Ejército señalaba que el último domicilio conocido en España al jefe de la escolta de Azaña estaba en el Cuartel del Pacífico de Madrid pero era un domicilio antiguo  con fecha de septiembre de 1936. 

Documento reservado que
informa de Giménez Orge

Un año más tarde, un informe de las Direcciones Generales de Seguridad y de la Guardia Civil confirmaban que en 1943 Giménez Orge se encontraba "huido en Francia, en una relación de refugiados españoles en dicha nación que deseaban marcharse a México en donde se le supone". 
Aquí es donde ponemos punto final al relato de Giménez Orge. Por desgracia no hemos podido terminar esta historia relatando si consiguió huir de Francia y llegar a México como apuntaban los servicios de seguridad de Franco. Si que tenemos conocimiento de que estaba soltero y no hay constancia de que pudiera tener algún hijo.

Sobre sus hermanos sí que hemos podido encontrar algo de información. Tanto Francisco como Evelio Giménez Orge fueron militares destacados durante la Guerra Civil y ambos se posicionaron en el bando republicano desde 1936. El primero participó en la defensa de Siguenza y fue nombrado más tarde Comandante Militar de Ciudad Real y Albacete. Apoyó el golpe de Casado y puso orden en esta última ciudad antes de que fuera tomada por los nacionales.Fue detenido tras la guerra y condenado a muerte por Franco, aunque su pena fue conmutada. En 1943 saldría en libertad. Evelio también tuvo protagonismo durante la guerra y tras salir con vida del Cuartel de la Montaña durante los primeros instantes de la sublevación, apoyó a los republicanos participando en la Batalla del Jarama como jefe del sector de Arganda del Rey. En 1937 fue nombrado Comandante Militar de Alcalá de Henares. No sabemos que sucedió con él una vez terminada la guerra. 

Como siempre decimos en nuestros artículos, pedimos colaboración a nuestros lectores. Si alguien tiene algún detalle más sobre Alfredo Giméne Orge y su vida después de la Guerra Civil estaríamos encantados de poder publicarlo en nuestro blog y terminar así esta apasionante historia. 

Fuentes consultadas

Archivo Militar de Segovia
Archivo de la Memoria Histórica de Salamanca. 
Biblioteca Virtual de la Defensa
Hemeroteca Nacional
La velada de Benicarló, Manuel Azaña

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La desconocida historia del padre de Julio Iglesias en la Guerra Civil

Julio Iglesias Puga en 1943, año en el
que contrajo matrimonio con María del
Rosario de la Cueva
Fue uno de los personajes televisivos más carismáticos del recién estrenado siglo XXI. El doctor Julio Iglesias Puga, conocido en los programas del corazón como 'Papuchi', pasó a la historia, además de por ser el padre del archifamoso cantante madrileño (Julio Iglesias), por haber logrado la paternidad a los noventa años.  Estas historias de glamour y prensa rosa contrastan radicalmente con los avatares que tuvo que hacer frente este conocido ginecólogo antes y durante la Guerra Civil. Lo que casi nadie sabe es que el padre de Julio Iglesias sufrió lo indecible en varias cárceles republicanas y en un campo de concentración del Frente Popular.

Nacido en Ourense el 26 de julio de 1915, Julio Iglesias Puga empezó a simpatizar con la Falange en 1933 después de presenciar in situ un discurso de José Antonio Primo de Rivera. Un año más tarde fue encarcelado tras protagonizar unos incidentes callejeros junto a otros jóvenes falangistas. Por aquel entonces ya había empezado a estudiar la carrera de Medicina que años más tarde le convertiría en un afamado ginecólogo, pionero en realizar la técnica del parto sin dolor.

La Guerra Civil sorprendió al padre de Julio Iglesias en Madrid y al igual que miles de jóvenes fue movilizado y enviado al frente de batalla para combatir (muy a su pesar) en un bando en el que no se sentía identificado. Curiosamente antes de estallar la contienda se encontraba haciendo el servicio militar en el regimiento Wad Ras número 1, agregado a la caja de reclutas número 2. En ese mismo regimiento también se encontraba su hermano José Iglesias Puga que se había incorporado en febrero de 1936.

Cinco meses antes de que empezara el conflicto, en marzo de 1936, los hermanos Iglesias fueron detenidos por agentes de la Comisaría de Investigación y Vigilancia acusados de formar parte de Falange. Hay que recordar que tras el atentado contra el socialista Jiménez Asúa protagonizado por un falangista, un juez ilegalizó a la Falange y la gran mayoría de sus líderes fueron arrestados entre ellos Primo de Rivera.

Detenido antes de la Guerra Civil

Julio y José fueron detenidos en las mismas instalaciones del regimiento Wad Ras en el Cuartel María Cristina y trasladados a la Dirección General de Seguridad donde fueron interrogados por agentes de Policía que pretendían obtener el mayor número de datos posibles del funcionamiento de la Falange. Allí estuvieron solo una tarde porque muy rápido fueron puestos en libertad si cargos.
Antiguo cuartel María Cristina, donde estaba haciendo la
mili Julio Iglesias Puga y su hermano

Tras regresar al cuartel, los dos hermanos fueron enviados directamente al calabozo de su regimiento donde permanecieron ocho días. No fueron los únicos reclutas que fueron arrestados por pertenecer a Falange. Una docena de compañeros también acompañaron a los hermanos Iglesias Puga en su breve cautiverio. Tras ser puestos en libertad siguieron haciendo el servicio militar hasta que estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936. 

Al empezar la sublevación militar nuestros protagonistas vivían a caballo entre las instalaciones del regimiento y su vivienda de la calle Colegiata número 11, segundo piso. No tenemos demasiado claro qué sucedió con Julio Iglesias Puga durante los primeros días de la contienda que fue cuando su regimiento se levantó en armas contra la República. De hecho los oficiales del Wad Ras protagonizaron el último foco de levantamiento de Madrid en ser sofocado  por el Frente Popular. Desconocemos, por lo tanto, si 'Papuchi' participó activamente o no en el alzamiento que tuvo lugar en el acuartelamiento Reina Cristina.

Perdemos la pista a Julio Iglesias Puga hasta octubre de 1936. Un compañero de regimiento, llamado Antonio Virgos interpuso contra él y contra su hermano José una denuncia  acusándoles de ser derechistas y de simpatizar con los sublevados. En otras palabras, les estaba acusando de un delito de desafección al régimen republicano. ¿Quién era realmente Antonio Virgos? Un joven de 20 años que al igual que los hermanos Iglesias Puga estaba haciendo el servicio militar en el regimiento Wad Ras y que se encontraba afiliado al Partido Comunista (número de afiliación 125767). Virgos interpuso la citada denuncia un 24 de octubre en la comisaría de Policía del Distrito del Congreso.

La denuncia de un comunista

A partir de ese día, los agentes encargados de investigaciones de esta comisaría empezaron a trabajar para recabar el mayor número de pruebas que inculparan a Julio Iglesias Puga y a su hermano. No tuvieron demasiados problemas en confirmar que los dos hermanos tenían una ficha en la Dirección General de Seguridad por estar afiliados a la Falange y por haber sido detenidos tanto en 1934 como en marzo de 1936. También descubrieron que un hermano suyo (Ulpiano Iglesias Puga) formaba parte del Ejército Nacional siendo Brigada Farmaceútico del Depósito de Medicamentos de Segovia. Otro hermano, Manuel, también estaba con Franco en Burgos ostentando el grado de alférez de provisional en el Batallón de Cazadores de Ceriñola número 6.
Copia de la denuncia contra Julio Iglesias Puga y su hermano

El 12 de noviembre de 1936, los dos hermanos Iglesias Puga fueron detenidos por la Policía y trasladados inicialmente a la comisaría de Congreso para prestar declaración. Según relataron en las diligencias los policías que les detuvieron (Palazón y Cantano) el arresto se produjo "sin novedad". La acusación formal contra ellos era: "Frecuentar lugares donde iban elementos de derechas, estar afiliados a Falange y ser elementos de acción de esta organización". No sabemos a ciencia cierta cuanto tiempo estuvieron en esta comisaría, sin embargo sí que tenemos conocimiento de que el día 21 de este mes ya se encontraban en la Prisión de Ventas a la espera de que se celebrara su juicio.
El 26 de noviembre la Dirección General de Seguridad emitió un informe detallado sobre el padre de Julio Iglesias destacando de él que estaba afiliado a la Falange desde antes de la sublevación militar. En relación con su hermano José, el informe mencionaba que trabajaba como técnico industrial que formaba parte de Falange desde diciembre de 1933.

El juicio contra ellos no empezó hasta el 29 de diciembre de 1937 y el fiscal les acusaba de "rebelión militar" pidiendo para ambos una pena de doce años de reclusión en un campo de trabajo. Pese a la dureza de la petición, el fiscal fue un poco más benévolo y finalmente gracias al trabajo del abogado de oficio Gerardo Lacalle. Finalmente el tribunal popular número 3 condenó a los dos hermanos Iglesias Puga a tres años de internamiento en un campo de trabajo y una multa a cada uno que oscilaba las 10.000 pesetas.

La detención de su padre y el traslado a Valencia

Justo al mismo tiempo que se daba a conocer la sentencia, la familia Iglesias Puga sufrió un nuevo varapalo en enero de 1937. El padre de Julio y José (es decir el abuelo de Julio Iglesias) fue detenido y acusado de desafecto al régimen republicano. Se llamaba Ulpiano Iglesias Sarria, tenía 61 años, y aunque era Comandante de Infantería Retirado por la Ley Azaña, también era propietario de una farmacia (era licenciado) en el número 44 de la calle General Ricardos. Las autoridades del Frente Popular detuvo a Ulpiano acusado de haber pertenecido a Acción Popular e incluso de militar en la UME antes de la Guerra Civil. Ulpiano estuvo en la cárcel de Alcalá de Henares y en Ventas hasta abril de 1937, fecha en la que se celebró su juicio que terminaría absolviéndole por falta de pruebas. Más adelante, en agosto de este año, volvió a ser detenido aunque en septiembre ya estaba en libertad.
José Iglesias Puga, hermano
de nuestro protagonista

Pero volvamos de nuevo a la figura de Julio Iglesias Puga que como antes decíamos había sido condenado a tres años de internamiento. Inicialmente fue trasladado a la prisión de Sueca en Valencia donde sabemos que ya estaba en octubre de 1937. Tenemos una notificación, con fecha 23 de julio de 1938, en la que se le notificaba su traslado y posterior llegada al Campo de Trabajo de Tarancón. Su traslado coincidió prácticamente en fechas con la durísima Batalla del Ebro.

Julio Iglesias Puga y su hermano José trabajaron durante semanas junto a cientos de presos en la preservación de la línea de ferrocarril que la República había construido en 1937 entre la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz y el municipio conquense de Tarancón. Durante su estancia en este Campo de Trabajo, el padre de Julio Iglesias trabajó sin descanso quince horas al día, en ocasiones por el puro placer de sus captores ya que cuando llegó la última remesa de prisioneros desde Valencia (la suya), la línea férrea ya estaba construida. Los presos se alojaron en las localidades de Nuevo Baztán y Ambite donde Julio Iglesias también fue obligado a adecentar un campo de aviación que tenía la República.

En justo en esta época cuando le perdemos la pista para siempre al padre de Julio Iglesias. En el sumario judicial al que fue sometido el último dato que consta de él es su ingreso en el Campo de Trabajo de Tarancón y el intento de incautación de sus bienes por parte de las autoridades republicanas (algo que no consiguieron, al menos desde el punto de vista económico).

Lo que sucedió con Julio Iglesias Puga hasta el final de la Guerra Civil es, por lo menos para mí, un auténtico misterio desde el punto de vista documental. Hay algunas versiones que apuntan a que en 1938 fue liberado por unidades falangistas en la localidad de La Mora (Toledo), instalándose posteriormente en la retaguardia franquista. Desde www.guerraenmadrid.com hacemos un llamamiento a nuestros lectores para que nos permitan conocer qué es lo que sucedió exactamente con el padre de Julio Iglesias en el tramo final de la contienda.

Sí que tenemos conocimiento de que al término de la guerra fue condecorado con las medallas de la 'Vieja Guardia' y con la 'Encomienda Civil'. En 1939 prosiguió con sus estudios de medicina y en 1942 ya estaba opositando (según consta en el BOE) para ser "médico internista". En el año 1943 se casó con su primera mujer, María del Rosario de la Cueva y Perignat a la que había conocido en una fiesta de carnaval de Carabanchel Bajo. Justo ese año nacería su primer hijo, el mítico cantante Julio Iglesias.
Julio Iglesias Puga en 2001 y en el año 1955

La historia de 'Papuchi' a partir de aquí ya la conoce todo el mundo. Formó parte en 1955 de la Diputación Provincial de Madrid y se convirtió en uno de los ginecólogos más famosos de la España franquista tras convertirse en el gran impulsor de las técnicas del parto sin dolor, además de crear la Clínica de la Maternidad de Madrid donde fue jefe de varios departamentos. Como todo el mundo ya sabrá, en los ochenta fue secuestrado por la banda terrorista ETA y el propio Julio Iglesias Puga calificó su cautiverio en un zulo aragonés como "mucho peor" que su encarcelamiento durante la Guerra Civil.



Fuentes consultadas:

- Sumario del Tribunal de Urgencia Número 3 de Madrid. FC-CAUSA_GENERAL,15,Exp.194
- Sumario del Tribunal de Urgencia Número 3 de Madrid. FC-CAUSA_GENERAL,328,Exp.41
- Sumario Jurado de Urgencia Número 6 de Madrid. FC-CAUSA_GENERAL,346,Exp.24
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Hemeroteca de la Comunidad de Madrid
- Biblioteca Prensa Histórica.

lunes, 2 de octubre de 2017

La falsa embajada de Siam y el derechista infiltrado en la CNT

Una embajada en Madrid durante la Guerra Civil /Cronica
A buen seguro que el nombre de Alfonso López de Letona no le sonará demasiado a la gran mayoría  de los lectores de www.guerraenmadrid.com . Solo encontrarán de él algo de información a través de webs de la Memoria Histórica en las que se recuerda que fue “represaliado por el franquismo” al término de la Guerra Civil o en blogs especializados como http://bremaneur.wordpress.com . En esta ocasión 'Guerra en Madrid' va a contar con pelos y señales su historia antes, durante y después de la guerra, así como la importancia que tuvo este siniestro personaje en la represión clandestina que realizó la CNT durante el otoño-invierno de 1936. La figura de López de Letona está indiscutiblemente ligada  al maquiavélico plan de la falsa 'Embajada de Siam' en Madrid, un plan que pusieron en marcha los anarquistas más destacados de nuestro país con el objetivo de “acabar” con el mayor número de derechistas posibles. 

Aunque pueda sonar contradictorio, antes de que empezara la Guerra Civil, López de Letona trabajaba para Antonio Goicoechea, líder del partido de la derecha monárquica 'Renovación Española'. De hecho, no solo trabajaba para el famoso político (que en su día había sido Ministro con Alfonso XIII) sino que era uno de sus hombres de confianza, hasta el punto de que el 17 de julio de 1936 le acompañó en coche desde Madrid hasta una finca de Salamanca muy próxima a la frontera con Portugal. Goicoechea, consciente del riesgo que supondría suponer para él estar en la capital cuando se produjera la sublevación militar, le pidió a López de Letona que le llevara hasta la frontera con Portugal para ponerse a salvo. Esa misma noche, nuestro protagonista regresó a Madrid. 

Pero centrémonos ahora en la figura de López de Letona antes de que estallara la Guerra Civil.  Sabemos que trabajaba para Goicoechea desde 1933, actuando en algunas ocasiones como “secretario particular” y en otras como “escolta”. Era habitual que en aquellos convulsos años treinta, los principales políticos estuvieran acompañados, cada vez que salían a la calle, por matones a sueldo o pistoleros.  López de Letona no era una excepción y casi siempre que iba junto a su jefe llevaba una Mauser del año 1920. 
Antonio Goicoechea, jefe de López de
Letona antes de la Guerra Civil

Curiosamente el 5 de junio de 1936, casi dos meses antes de que empezara la guerra, se abrió contra él un procedimiento judicial por “tenencia ilícita de armas”. Por estas fechas, y tras el nombramiento realizado por el propio Goicoechea, desempeñaba el cargo en Renovación de 'Jefe de Grupos Especiales', una especie de grupos de acción de jóvenes pistoleros del partido que estaban dispuestos a enfrentarse a tiros con otros jóvenes de izquierdas. Curiosamente, en 1934 López de Letona resultó herido por arma de fuego en el dedo tras un tiroteo en el Círculo Agrario de la Guindalera.

No fue el único proceso que López de Letona tuvo que hacer frente antes de que empezara la contienda. Ya en el año 1934 se abrió un procedimiento contra él por un supuesto delito de estafa por una denuncia que le interpuso su cuñado, Vicente Silió Beleña, hijo de la mano derecha de Antonio Maura. Tres años antes, en 1931, también fue procesado por “robo, duplicidad, falsedad y estafa”. Tenemos a nuestra disposición parte del proceso al que fue sometido entonces en el que se dice que estaba domiciliado por aquel entonces en la calle Ramón de la Cruz número 63 de Madrid. Debía comparecer en noviembre de este año ante el Juzgado de Instrucción del Distrito de Buenavista, juzgado mandado por el juez Ursicino Gómez Carbajo.

Antecedentes por llevar armas y por estafa

Como pueden imaginar nuestros lectores, la fama de López de Letona antes de la Guerra Civil era paupérrima. Leamos a continuación la declaración que hizo un alférez de Caballería llamado José Blanes, que coincidió con él en Renovación Española antes de la contienda: “Le considero un ser absolutamente indeseable, traidor de sus propias ideas que ha cometido varias estafas en el extranjero por lo cual fue expulsado de Francia y Argentina”. En una línea similar, también hablaba de él un agente de Policía llamado Rogelio Aparicio que le conocía de antes de la guerra y que comentaba lo siguiente: “Es un estafador profesional y un gran falsificador, conocido habitual de la Brigada de Investigación Criminal”.

Durante los años previos a la Guerra Civil, López de Letona estuvo preso en más de una ocasión en comisarías y cárceles de Madrid coincidiendo con gente de lo más variopinta y con signos políticos radicalmente opuestos a los suyos. Fue en 1930 cuando conoció en la cárcel Modelo a Antonio Verardini, ingeniero de profesión, que al igual que nuestro protagonista estaba preso por estafa. Verardini, que había sido cabo de la Legión, años más tarde terminaría convirtiéndose en un miembro destacado de la CNT y una de las personas de confianza del mismísimo Cipriano Mera. 
Antonio Verardini durante los primeros años
de la Guerra Civil

Todos estos datos nos ayudan a comprender un poco mejor quién era Alfonso López de Letona, un joven que en 1936 tenía 27 años y que procedía de una familia de clase alta con un importante pasado militar. Su padre, César López de Letona Lomela había sido Coronel de Caballería del Regimiento de los Usares de Pavía número 9 y dos de sus hermanos también habían seguido su tradición militar. Asimismo, tenía una hermana religiosa en la orden del Sagrado Corazón y otra, la que anteriormente mencionábamos, que estaba casada con el historiador Vicente Silió.

Pero volvamos de nuevo a la figura de López de Letona en los prolegómenos de la Guerra Civil Española. Como antes hemos dicho, tras dejar a Goicoechea en la frontera con Portugal, regresó hasta Madrid donde le sorprendió el alzamiento militar. Consciente de que su vida podía correr peligro por haber militado en Renovación Española, se escondió por recomendación de Goicoechea en el domicilio del Conde de Arcentales, situado en la calle Zurbano número 21, donde más adelante se establecería la Embajada de Turquía. Según la versión del propio López de Letona en su Consejo de Guerra, abandonó su refugio el 22 de agosto de 1936 al enterarse de que la cárcel Modelo había sido asaltada y que se había puesto en libertad a los presos comunes. Dijo que decidió salir a la calle pensando que por tener una ficha con antecedentes en la Dirección General de Seguridad , podría alegar su pasado carcelario en el caso de ser identificado por las patrullas de milicianos que por aquel entonces campaban a sus anchas en Madrid. 

Se marchó a vivir a casa de su hermana en el número 87 de la calle Lista, bajo izquierda, pensando que a partir de ahora estaría “mucho más tranquilo”. Según diría en su Consejo de Guerra, el día 6 de noviembre de 1936 su hermana recibió la visita de Antonio Verardini, solicitando a ésta, “ante la inminente entrada del Ejército Nacional en Madrid”, que le refugiara. Según esa declaración, a partir de ese momento ambos (Verardini y López de Letona) empezaron a trabar amistad. Desde nuestro punto de vista es una declaración bastante inverosímil. ¿Cómo es posible que se hicieran amigos por estas fechas si se conocían desde más de cinco años y se movían en ambientes similares del mundo de las estafas? Es más que probable que los dos ya fueran amigos antes de empezar la Guerra Civil y que López de Letona le invitara a refugiarse allí ante la inminente llegada de las tropas franquistas. 

La relación con Verardini durante la guerra

En cualquier caso, parece cierto que Verardini pretendía cubrirse las espaldas en casa de la familia López de Letona para cuando las tropas de Franco entraran en Madrid. Por aquel entonces, él era Comandante de las Milicias Confederales de la CNT y estaba muy bien relacionado con determinados ámbitos del Ministerio de la Guerra. Pasado el peligro y después de que los franquistas fueran frenados a las afueras de Madrid por la Junta de Defensa, Verardini se marchó de su refugio en la calle Lista prometiéndole a su amigo López de Letona que “cuidaría de él”. Y eso hizo. El 2 de diciembre de 1936, Verardini se presentó en el domicilio de Lista junto a un individuo llamado Manuel Penche para reiterarle su compromiso de “cuidarle” por la amistad que ambos tenían. Le invitó a que le acompañara al Ministerio de la Guerra para hablarle de algunos asuntos. 

López de Letona acompañó a su amigo hasta el Ministerio, accediendo ambos a un despacho en el que había un cartel que ponía 'Servicios Especiales'. Allí se encontraba un tipo enjuto, con gafas grandes que se llamaba Manuel Salgado Moreira, que por aquel entonces desempeñaba el cargo de Jefe de esa unidad del Ministerio de la Guerra. Tras el saludo protocolario, le dijo que a López de Letona que conocía su “ideología política, contraria al sistema republicano”, sin embargo le comentó que “había llegado la hora de rectificar los errores pasados y ayudar a la causa del pueblo”. Nuestro protagonista asistió y se comprometió a colaborar desde ese instante con los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra. 
Manuel Salgado Moreira
Ese mismo día, López de Letona le facilitó un volante en el que hacía constar que prestaba servicio en el Departamento de Servicios Especiales y ordenaba a las Milicias de Retaguardia que lo consideraran como un agente. Se puede decir que desde el instante en el que aceptó el volante de Salgado Moreira, nuestro personaje se cambió de bando y decidió traicionar a los que habían sido en el pasado sus compañeros de fatiga. 

A partir de ese día de otoño de 1936, López de Letona trabajó codo con codo con Verardini que era realmente el jefe en la sombra de los Servicios Especiales. Junto a ellos también trabajaban otros tipos llamados César Ordax Avecilla, Manuel Penche, Bernardino Alonso, Pedro Orobón y una mecanógrafa rubia llamada Manolita. 

Uno de los primeros servicios que realizó López de Letona ya como miembro de los Servicios Especiales fue practicar unas detenciones de unos jóvenes que se encontraban escondidos en una casa de la calle Pontejos. Se escondían porque simpatizaban con las derechas y no querían ir al frente tras ser llamada su quinta. Nuestro hombre alegó antes de ir a detenerles que no podría llevar a cabo los arrestos porque “no era policía” y no sabía como llevarlos a cabo. Finalmente terminó accediendo tras las presiones de Verardini que fue quien dirigió la operación. En la intervención, se detuvo a dos chicos de veinte años que estaban escondidos en un tercer piso y a otros tres que se encontraban en el sótano.  

La puesta en marcha de la embajada

Según la versión que relataría López de Letona tras la Guerra Civil, cierto día de diciembre Verardini le habló de la posibilidad de “montar una falsa embajada en Madrid” pues tenía noticias de que los refugiados en otras embajadas de la capital se encontraban armados y dispuestos a apoderarse de centros oficiales en cuanto Franco iniciara su ofensiva final. En ese instante, al protagonista de este artículo se le ocurrió establecer ese falsa embajada en el hotel del padre de su cuñado que estaba incautado por la CNT,  y se encontraba situado en el número 12 de la calle Juan Bravo. Esta idea le pareció magnífica a Verardini que le ordenó que se presentará en el citado edificio, vestido con uno mono y un gorro de guardia de asalto, para preparar lo que días más tarde se conoció como la 'Embajada de Siam'. 

Antes de empezar a recibir refugiados, el hotel fue preparado con medios técnicos para escuchar las grabaciones de las personas que allí se escondieran. En el comedor se instaló un micrófono que conectaba con una habitación del piso de arriba que estaba reservada para Verardini y López de Letona. El propio Verardini se haría llamar Gerard y se haría pasar por Secretario General de la Embajada de Siam'. Sus cargo subalterno dentro de la legación sería Manuel Penche, el chófer de la misma un tal Emilio y la cocinera una chica joven cuyo novio era un teniente asturiano de la CNT que formaba parte del grupo 'Los dinamiteros de Asturias'.

Sabemos que una veintena de personas, en su mayoría derechistas, se refugiaron en la falsa Embajada de Siam durante la primera quincena de diciembre de 1936 que fue cuando funcionó realmente. Valiéndose de sus relaciones con  personas de derechas a las que conocía de antes de la guerra, López de Letona hizo creer a varios conocidos (aristócratas y burgueses en su mayoría) que si se refugiaban en la Embajada de Siam estarían mucho “más seguros que en la calle”. Fue el caso del militar Pascual Fernández Aceytuno, que se encontraba preso en la cárcel de Ventas. Con la autorización de Salgado Moreira, López de Letona consiguió ponerle en libertad gracias a un aval del Ministerio de la Guerra y le llevó junto a su familia a la Embajada de Siam en un coche del ministerio. López de Letona también trasladó en su coche a otros dos conocidos Fernando Guillis y José María Reus Ruiz de Velasco.

Al parecer, el 8 de diciembre 1936 el General Miaja, presidente de la Junta de Defensa de Madrid por aquel entonces, tuvo noticias de que los Servicios Especiales habían puesto en marcha la operación 'Embajada de Siam' sin su consentimiento. Para el archifamoso general esta estratagema de la CNT le parecía algo “terrorífico” y dio la orden inmediata de cerrar en hotel de la calle Juan Bravo. Salgado Moreira, reunió a Verardini y López de Letona para comunicarles que Miaja estaba al corriente del plan y que ambos tendrían que dirigir el asalto a la falsa embajada para acabar con el plan establecido. 
Palacio del Duque de Tamames, donde fueron trasladados los
refugiados de la Embajada de Siam

Sobre las 21.00 del 8 de diciembre, dos camiones llenos de milicianos anarquistas aparcaron justo a la Embajada de Siam, accediendo posteriormente a la falsa embajada. Los más de veinte refugiados y sus familias fueron detenidos de una manera inmediata y trasladados a un centro de detención de la CNT situado en el Palacio del Duque de Tamames. Al frente de esta especie de checa anarquista se encontraba un individuo que se hacía llamar Comandante Tárregas. Según López de Letona, escuchó una conversación entre Tárregas y el dirigente anarquista Eduardo Val en la que decía que a las 24.00 del 08 de diciembre ya habían sido “paseados” varios de los refugiados en la Embajada de Siam. 

Desconocemos si fueron asesinados todos los refugiados, sin embargo sí que podemos dar los nombres de los que sí aparecieron cosidos a balazos en un descampado de Fuencarral dos días después del asalto a la Embajada de Siam: José María Reus Ruiz de Velasco, Abdon López Turrión, Fernando Guillis Merceded, Manuel Laguna Alfonso, Francisco Barnuevo Sandoval y Enrique Larroque Echeverría. Según reconoció López de Letona, un grupo anarquista llamado 'Campo Libre' fue el encargado de realizar ejecuciones tras las órdenes que daba directamente el Centro de la CNT del Palacio del Duque de Tamames.

Después la Guerra Civil, López de Letona trató de responsabilizar de los crímenes cometidos en la Embajada de Siam a un infiltrado que tenían los Servicios Especiales entre la gente de derechas. Se trataba de José González y antes de la Guerra Civil también había formado parte de Renovación Española.

Su marcha al frente de batalla

La historia de López de Letona como agente de la inteligencia republicana fue más bien corta. A finales de 1936 le pidió a Verardini abandonar la retaguardia para incorporarse inmediatamente al frente de batalla. Fue destinado con la graduación de Capitán de Estado Mayor de la CNT al Cuartel General de Klever que estaba situado en el Palacio de El Pardo ¿Qué motivos tenía para querer abandonar su plácida vida en Madrid? Barajamos dos opciones. O bien quería aproximarse lo máximo posible al frente para desertar o bien la CNT quería infiltrarlo en una unidad de vanguardia para informar a los Servicios Especiales de los pasos de los comunistas, enemigos de los anarquistas pese a luchar en el mismo bando. 

Después de prestar servicios de carácter militar en El Pardo, el 2 de enero de 1937 fue incorporado al Estado Mayor de Nino Nanetti, el mítico comandante comunista que moriría unos meses más tarde en Santander. Junto al italiano estuvo apenas cinco días, participando de una manera muy activa en la Tercera Batalla de la Carretera de la Coruña. Sin embargo sus circunstancias cambiaron por completo el 7 de enero de ese año. 
Nino Nanetti, pocos meses antes de morir

Aquel fatídico día López de Letona fue detenido en pleno frente de batalla por la Brigada Especial, acusado de espionaje. Al parecer un soldado de la Brigada de Nanetti que trabajaba como barbero, conocía a López de Letona de antes de la guerra y sabía que simpatizaba con los derechistas. Tras la denuncia de este soldado, el protagonista de nuestra historia fue detenido y trasladado desde el frente de batalla hasta la capital por dos pesos pesados de la seguridad republicana: el comisario jefe Fernando Valenti, responsable de la Brigada Especial y el mismísimo Teodoro Illera Martín, comisario de Policía de Madrid. La inocente acusación del barbero de su unidad, se convertiría más adelante en todo un complot contra López de Letona al que varios dirigentes comunistas acusaban de “organizar desde el frente de la Sierra expediciones de evadidos a zona nacional y de falsificar documentos para la CNT”. 

López de Letona trató de explicar a sus captores que no era ni mucho menos un espía de los nacionales sino que en realidad estaba trabajando como agente a favor de la República. De hecho alegó en su favor los servicios que había prestado para los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra y su papel para desenmascarar a derechistas en la falsa Embajada de Siam. Pese a todo estuvo unos días en los calabozos del 'Batallón Octubre' y más adelante pasó a una celda de la Dirección General de Seguridad. Una vez allí, pidió de manera espontánea una máquina de escribir para hacer confidencias. Según explicó José Cazorla en 1940 ante la Causa General, López de Letona hizo una “amplia declaración explicando sus servicios como confidente en una embajada y la creación junto con Verardini de la falsa embajada de Siam”. Sería trasladado ya en febrero de 1937 a la cárcel de San Antón, afiliándose días antes de su ingreso al PCE por “presiones” del propio Cazorla, que desempeñaba el cargo de consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid.

Al parecer, una vez dentro de la prisión, López de Letona se ofreció a sus guardianes para ser confidente e informar a las autoridades del comportamiento del resto de internos. Inicialmente la República no le dio demasiada importancia al ofrecimiento de nuestro hombre, sin embargo, a los pocos días se pasaron por la cárcel el comisario Fernando Valenti y un ciudadano portugués apellidado Ibeas. Ambos le ofrecieron un escrito para que lo firmara, ofreciéndole, a cambio de su libertad, que denunciara como “fascistas” a Antonio Verardini, Manuel Salgado Moreira y César Ordax Avecilla, curiosamente los tres fueron los encargados de impulsar la falsa embajada de Siam.

López de Letona firmó inicialmente el documento, aunque luego se retractaría ante el juez militar Erol alegando que había sufrido coacciones durante su detención. De hecho, escribió la siguiente carta a Verardini explicando el documento que le habían obligado a firmar: 

“Querido Antonio: Hoy hago 70 días de detención, me han traído para firmar unas declaraciones que no se parecen en nada a las que presté y en las que aparecen los siguientes cargos. Que tu combinación con Bonilla pensabais instalar nuevas embajadas y sacar dinero. Que or la de Siam habías sacado a los allí refugiados unas cuatro mil y pico pesetas. Y que cuando esta ceró, los huéspedes habían sido fusilados por la CNT que los sacó en una camioneta. Hablan de que pertenecía a los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra a las órdenes de un tal Salgado y un tal Pedro Labón. He sido forzado a firmar todo esto y me apresuro en tu conocimiento por si fuera una maniobra del Partido Comunista (Cazorla) contra la Confederación (CNT). Un fuerte abrazo de tu compañero Alfonso”. 

Esta denuncia y posterior rectificación desencadenó una guerra sin precedentes en la prensa entre los periódicos que apoyaban a la CNT y aquellos que simpatizaban con el PCE. A nuestro hombre se le instruyó un sumario “por alta traición y espionaje”, cuyo instructor fue el juez Mariano Luján, magistrado que en algunos casos ayudó a algunos miembros de la Quinta Columna de Madrid.  El juicio contra él fue seguido con intensidad por los medios de comunicación republicanos que pronto empezaron a especular sobre si López de Letona trabajaba realmente como agente de inteligencia de los anarquistas. Las presiones fueron tan grandes que el propio Salgado Moreira (jefe de los Servicios Especiales) desmintió en algunos periódicos que López de Letona trabajara como agente infiltrado de los anarquistas.
Abril de 1937, Diario de Almería

Alfonso López de Letona fue condenado a muerte por el tribunal republicano que le juzgó pero su pena finalmente le fue conmutada. Desconocemos hasta qué punto facilitó información de otros reclusos a la Brigada Especial, tan solo sabemos que siguió en prisión más de dos años, hasta marzo de 1939. Cuando se produjeron los enfrentamientos entre casadistas y comunistas en el tramo final de la guerra, nuestro protagonista fue puesto en libertad e hizo vida normal hasta que los nacionales entraron en Madrid. 

Los días 11 y 12 de abril de1939 los principales periódicos de Madrid, ya controlados por Franco, publicaron una amplia lista de los presos que se encontraban en las cárceles madrileñas cuando las tropas nacionales entraron y que habían conseguido la libertad. Uno de los nombres que aparecía en esas listas (pese a haber sido liberado con anterioridad) era López de Letona. El padre José María Reus, uno de los asesinados en la Embajada de Siam, leyó en el ABC el día 12 el nombre de Alfonso e inmediatamente acudió a la Comisaría de Chamberí de Madrid para denunciarle como posible “asesino” de su hijo. Este padre explicó con todo lujo de detalles como López de Letona había atraído a su hijo hasta la falsa 'Embajada de Siam' después de haber simulado haber hecho las gestiones para ponerle en libertad. También relató como a cambio de las gestiones se había embolsado 2.500 pesetas y requisado el vehículo familiar que se encontraba en un garaje del Centro de Madrid. 

La policía franquista tras sus pasos

A partir de ese instante el SIPM (Servicio de Información y Policía Militar) empezó a investigar el comportamiento de López de Letona durante la Guerra Civil. Para ello, los agentes que llevaban el caso interrogaron a los familiares de las otras víctimas que habían muerto asesinadas en la falsa 'Embajada de Siam'. Todas coincidían en lo mismo: Alfonso les había engañado (a algunos a cambio de dinero) y atraídos hasta una falsa embajada en Madrid de donde desaparecieron sin dejar rastro. Los policías franquistas intentaron dar con él pero no le localizaron hasta bien entrado el mes de mayo cuando fue arrestado en Salamanca por agentes del SIPM.  

Sabemos que el 15 de mayo estaba en la cárcel de Salamanca a la espera de pasar a disposición judicial. Un mes más tarde, el 15 de junio, un juzgado milittar reclamaba su presencia en la capital donde se iba a celebrar su Consejo de Guerra. El 17 de junio de 1939 cuatro Guardias Civiles le trasladaron en tren a Madrid, quedando recluido en la cárcel Porlier y más adelante en la prisión del Cisne. 

El Consejo de Guerra contra él dictó finalmente pena de muerte. Su fusilamiento fue llevado a cabo tres años después de que terminara la contienda. Se produjo un 27 de enero de 1943 en el Cementerio Este de Madrid. 
Fuentes consultadas

- Archivo Histórico Nacional (Causa General)
- Archivo Militar Paseo de Moret (Consejo de Guerra López de Letona y José Cazorla)
- Hemeroteca Nacional
- Biblioteca Prensa Histórica
- 'El terror rojo', Julius Ruiz
- 'La ciudad clandestina', Javier Cervera

viernes, 1 de septiembre de 2017

Secuestro y asesinato en la Posición Jaca en marzo de 1939

Imagen actual del bunker de la 'Posición Jaca'
Para los más altos oficiales del Ejército del Centro la 'Posición Jaca' era un lugar infranqueable. Excavado a  una profundidad superior a los 15 metros, el Cuartel General del Ejército del Centro era uno de los puntos más seguros de Madrid desde el verano de 1937, fecha en la que los jefes militares republicanos abandonaron los sótanos del Ministerio de Hacienda para instalarse en este magnífico refugio, ubicado en el emblemático Parque del Capricho de Madrid. 

A primeros de marzo de 1939, durante los durísimos enfrentamientos entre los propios republicanos, la 'Posición Jaca' tuvo un protagonismo inconmensurable por dos motivos: su estratégica situación (junto a la carretera de Barajas y a la de Barcelona) y por los importantes mandos militares que se encontraban. Hoy en www.guerraenmadrid.com vamos a analizar lo que sucedió allí entre el 6 y el 11 de marzo. 

A buen seguro que nuestros lectores conocen cómo transcurrió la conspiración del Coronel Casado para poner fin a la Guerra Civil, aislando por un lado al presidente Negrín y por el otro al Partido Comunista. Tras constituirse el Consejo Nacional de Defensa y después de una brillante alocución por radio del propio Casado y de Julián Besteiro (ambos hablaban de poner fin a la guerra cuanto antes), empezó una pequeña guerra civil dentro del bando republicano. ¿Los implicados? Por un lado los simpatizantes de Casado y por el otro las unidades comunistas que se oponían al Consejo Nacional de Defensa y que pretendían proseguir la contienda contra los nacionales.

En Madrid los combates arrancarían durante la mañana del 6 de marzo y tuvieron especial crudeza en las zonas de Nuevos Ministerios, Manuel Becerra y Chamartín. Desde un primer momento la 'Posición Jaca' se mantuvo leal al Coronel Casado y todos los mandos del Ejército del Centro que allí se encontraban apoyaron la conspiración. Sin embargo, desde un primer momento, Casado y sus ayudantes más próximos fueron conscientes de lo difícil que sería defender la 'Posición Jaca' por su estratégica situación: la 300 División de Guerrilleros (comunistas en su mayoría) mandada por el Mayor Santiago Calvo avanzaba a toda velocidad hacia el Capricho después de haber conquistado sin problemas Torrejón de Ardoz donde se unieron a los sublevados la 5º Brigada de Carabineros. De hecho, los escuchas franquistas del SIPM interceptaron a las 11.00 de la mañana de este 6 de marzo un mensaje enviado desde Alcalá de Henares por el propio Calvo a su superior, Domingo Hungría que se encontraba en Benimamet diciendo: “Sublevado el Estado Mayor del Ejército del Centro y constituida una junta facciosa, vamos a luchar contra ella de acuerdo con el Partido. Denme instrucciones”. 

Una posición muy estratégica

No hay que olvidarse tampoco de que la 'Posición Jaca'  se encontraba muy próxima a 'Villa Eloisa', el Cuartel General del Partido Comunista en Madrid y el escenario donde se estaba gestando el contragolpe a Casado. De manera clandestina, miembros del PCE se habían aproximado a la 'Posición Jaca' y habían comprobado que sus sistemas de defensa y protección no habían aumentado demasiado desde el inicio de los combates. Por este motivo, la 'Posición Jaca' se había convertido en uno de los objetivos más ansiados .
1º Vernardini, ayundante de Mera 2º Cipriano Mera
3º Segismundo Casado

Consciente de que la 'Posición Jaca' podía perderse, Casado envió el mismo 6 de marzo hasta allí a Cipriano Mera para comprobar de primera mano las defensas y con la intención de levantar el ánimo del Coronel Joaquín Otero Ferrer (Jefe de Información del Ejército del Centro) que se encontraba al mando de la posición. Mera y su asistente Antonio Vernardini llegaron al Capricho pasadas las 18.00h y comprobaron que el ambiente entre los oficiales era de desolación. Según relató Mera en sus memorias, el Coronel Otero le comentó nada más llegar que “había mantenido una conversación telefónica con las fuerzas guerrilleras” que se aproximaban cada vez más a la 'Posición Jaca'. Según Otero estas fuerzas guerrilleras le dijeron que no querían enfrentarse a las fuerzas del Consejo Nacional de Defensa y que tenían intereses de “parlamentar con el Coronel Casado y como éste exigiera que primero depusieran las armas, los mandos de los guerrilleros (el Mayor Calvo fundamentalmente) pidieron un plazo de dos horas para dar una respuesta, plazo que les fue concedido”. 

Pese a no ser militar profesional, Cipriano Mera tenía una gran intuición combativa y desde un primer momento alertó al Coronel Otero de que el propósito de los guerrilleros era “ganar tiempo para poder ocupar” la 'Posición Jaca'. Por este motivo el líder anarquista telefoneó al IV Cuerpo del Ejército (del que era principal jefe) que se encontraba en Alcalá de Henares y que por orden de Casado se había detenido tras aceptar la tregua de los guerrilleros. 

Pasaron las dos horas de tregua y los nervios en la 'Posición Jaca' crecían por momentos. No había noticias ni de Casado ni de los Guerrilleros Comunistas, por lo que el Coronel Otero empezaba a desesperarse. Otero Ferrer era un veterano oficial de Ingenieros que durante la Guerra Civil se había curtido luchando en Ciudad Universitaria y en la Batalla del Jarama donde  estuvo en el Estado Mayor de la famosa 'Agrupación Morata'. También participó en la preparación de la ofensiva republicana en Brunete y en otras operaciones de menor calado en la Casa de Campo. 

Una reunión in extremis

A las 21.00h las comunicaciones telefónicas de la 'Posición Jaca' habían dejado de funcionar. Posiblemente una incursión guerrillera en el Parque del Capricho había cortado las comunicaciones con el exterior, por lo que el asalto podía ser inminente. Según Mera a las 04.00h de la madrugada del 7 de marzo tuvo lugar una reunión en el interior del bunker en la que participaron, además de él y de su ayudante Verardini, los Coroneles Otero, José Pérez Gazzolo (segundo jefe del EM del Ejército del Centro) y Arnoldo Fernández Urbano (jefe de Organización del Ejército del Centro), el Teniente Coronel Villal, el capitán Artemio García y dos tenientes apellidados Dalda y Corella. En esa reunión se comunicó que casi todos los miembros del batallón de Carabineros de la 5º Brigada que se ocupaban de la defensa de la parte noroeste de la 'Posición Jaca' se habían pasado a los comunistas: les habían convencido los carabineros que se unieron a los Guerrilleros en Torrejón.

De esta manera, los únicos defensores del Cuartel General del Ejército del Centro eran  dos batallones de la 70 Brigada Mixta y una treintena de jefes y oficiales que se encontraban en el interior del búnker de El Capricho. Según el relato de Mera, el Coronel Otero le ordenó que acudiera a los exteriores de la posición y comprobara de primera mano si el enemigo se encontraba en las inmediaciones. Acompañado por su ayudante Verardini, por el Teniente Coronel Villal y el Teniente Corella, el líder anarquista comprobó con sus propios ojos que la 'Posición Jaca'  estaba en serio peligro puesto que los Guerrilleros y una unidad de tanques ya estaban tomando posiciones en los exteriores. Villal y Corella regresaron al búnker a dar cuenta a sus compañeros de lo que estaba pasando y con la advertencia de Mera de que era necesario “evacuar el puesto de mando inmediatamente”. 

Según Mera pasaron “unos minutos preciosos” y nadie evacuó la 'Posición Jaca', por lo que “me fui yo mismo al puesto de mando y les dije a los presentes: vengan conmigo, aquí ya no hay nada que hacer.  Dentro de cinco minutos los comunistas se habrán apoderado de las oficinas – Sí – me contestan – ahora vamos”. Tras permanecer unos instantes a la espera, Mera abandonó la 'Posición Jaca' junto Verardini, el capitán Artemio García y los tenientes Dalta y Corella. Los cinco se fueron del Parque de El Capricho a tiro limpio, resultando Corella herido en un brazo, hasta llegar a la zona de Canillejas donde tras engañar a una unidad Comunista, consiguieron contactar con el Coronel Casado.

Tres coroneles prisioneros

Sobre lo acontecido en el interior de la 'Posición Jaca' y los oficiales del Ejército del Centro tras la marcha de Cipriano Mera hay muchas dudas y también algunas especulaciones. Sabemos que la decisión final de asaltar la 'Posición Jaca' por parte de la columna Guerrillera corrió a cargo del Mayor Calvo con el beneplácito del Coronel Luis Barceló Jover. También sabemos mediante los testimonios de algunos guerrilleros (luego serían importantes maquis) que participaron en el asalto que los combates en el interior de la posición fueron encarnizados. Sin embargo, a primera hora de la mañana del 7 de marzo, la 'Posición Jaca' cayó en poder de los comunistas y la mayoría de oficiales que quedaban en su interior fueron arrestados allí mismo y a punta de pistola fueron sometidos a interrogatorio. Entre esos oficiales estaban los tres Coroneles al mando de la posición: Joaquín Otero Ferrer, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano. En el interior del búnker se produjeron algunos tiroteos con bajas por parte de los casadistas como explicaremos más adelante.
El Coronel Luis Barceló

La gran duda que nos surge en estos momentos es: ¿por qué estos tres Coroneles no escaparon al mismo tiempo que Cipriano Mera y su ayudante de la 'Posición Jaca'? ¿Esperaban un trato de favor por parte de los Comunistas? ¿Se habían planteado su lealtad al Coronel Casado? Por desgracia no podemos responder a estas preguntas de una manera objetiva. 

Pero sigamos con el desarrollo de los hechos en el interior de la 'Posición Jaca' después de que los Comunistas se hicieran con el control del puesto de mando. Sobre las 17.00 del 7 de marzo el Coronel Barceló hizo su aparición en la posición e interrogó personalmente a los detenidos. En su Consejo de Guerra, Barceló reconoció que tras llegar a la posición había  visto un charco de sangre en el suelo del búnker pidiendo explicaciones a sus colaboradores más estrechos. Estos le dijeron que se habría “producido una baja” como consecuencia de un “bombardeo”, algo poco probable en un refugio subterráneo. 

Los prisioneros en El Pardo

En cualquier caso, Barceló ordenó trasladar a los detenidos en la 'Posición Jaca' hasta el Palacio de El Pardo donde el comunista Guillermo Ascanio había  establecido su cuartel general. Los tres coroneles (Otero, Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández) coincidieron en su cautiverio en el palacio con el Teniente Coronel del bando franquista, Lloro Regales que por un “ataque de locura” había desertado ese mismo 7 de marzo y se había pasado al bando republicano. 

Según cuenta el periodista anarquista García Pradas, que también estuvo detenido en el Palacio de El Pardo, los tres coroneles fueron asesinados junto con el comisario político del PSOE Ángel Peinado Leal. El testimonio de García Pradas se puede leer en su libro 'La traición de Stalin': 

“Unas horas antes de llegar nosotros fueron sacados los tres, eran tres viejos de noble condición, leales del antifascismo durante la guerra, no afiliados a ningún sector político. Y desvalidos por consiguiente ante sus verdugos. Los metieron en un coche y se los llevaron junto al comisario socialista Peinado Leal a quien tal vez confundieron con otro prisionero. Los cuatro desgraciados, figuras sin importancia de la contienda, fueron abatidos por la misma ráfaga de ametralladora después de cavar su propia tumba”.

Desde nuestro punto de vista García Pradas especula sobre la muerte de los tres militares y Peinado Leal. ¿Cómo es posible que supiera que los “cuatro desgraciados” habían cavado su propia tumba y asesinados por ráfaga de ametralladoras? Cuando él llegó al Palacio de El Pardo, los otros cuatro detenidos ya habían sido sacados de sus celdas y trasladados en coche a un punto indeterminado. 

En cualquier caso, los combates en Madrid entre casadistas y comunistas terminaron a mediados de marzo. Todo el mundo sabía que los tres principales jefes de la 'Posición Jaca' habían desaparecido de su cautiverio de El Pardo y como era lógico se esperaba que hubieran sido asesinados. Sin embargo, en un artículo publicado en ABC el 14 de marzo se decía que los tres coroneles, junto a otros presos en Palacio, habían sido puestos en libertad por los comunistas horas antes de que las tropas de Casado tomaran El Pardo. Nada más lejos de la realidad. 

Aparecen los cadáveres

La confirmación oficial de que los máximos responsables de la 'Posición Jaca' habían sido asesinados por los comunistas se produjo el 23 de marzo (5 días antes de que los nacionales llegaran a Madrid). Tras interrogar a varios soldados centinelas de El Pardo, el Consejo Nacional de Defensa pudo averiguar que los tres militares y Ángel Peinado Leal habían sido ejecutados a las afueras de El Pardo y enterrados en una fosa común. A las 09.00 del 23 se abrió la fosa (ubicada en una zona boscosa) y se confirmó que los cadáveres que allí se encontraban con varios impactos eran los de Joaquín Otero Gómez, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano. 
Periódico La Libertad, 24 de marzo

El 24 de marzo, en plenas conversaciones entre Casado y los emisarios franquistas para poner fin a la Guerra Civil, el diario ABC publicaba la noticia del hallazgo de los cuerpos de los tres militares y del comisario Peinado. El propio García Prada leyó un breve poema en Unión Radio en recuerdo a los asesinados recordando su heroísmo y su patriotismo hasta el final de su vida. 

Esa misma tarde del 24 de marzo se celebró el entierro que tuvo una gran transcendencia pública. De hecho fue el último gran acto republicano que se celebró en Madrid antes de que entraran las tropas franquistas. La capilla ardiente (o cámara mortuoria) se instaló en el edificio de la Secretaría de Defensa de Madrid. Según cuenta la prensa de la época los cuatro cadáveres estaban dispuestos en “féretros sencillos, cubiertos por ramos y coronas y los colores de la bandera republicana adornaban el fondo del local. Los féretros iban envueltos en la bandera nacional republicana y fueron sacados a hombros por los compañeros de los fallecidos y colocados en lujosos coches estufa atestados de coronas”. 

Según cuentan la prensa, se formó una comitiva militar que trasladó los cadáveres hasta el cementerio este. A la cabeza de la comitiva iba el General Miaja y detrás el resto de miembros del Consejo Nacional de Defensa. Les seguían el gobernador de Madrid, el alcalde, el director de Seguridad, la ejecutiva del PSOE y todos los jefes militares del Ejército del Centro. También participaron en la comitiva el resto de organizaciones políticas y sindicales que integraban el Frente Popular. “Una columna de honor desfiló ante los cadáveres, integrada por representaciones de las diversas brigadas del Ejército Republicano comandadas por el General Martínez Cabrera. Al pasar ante ellas los cadáveres, las bandas de tambores y cornetas les rindieron honores en medio de un silencio impresionante, a pesar del gentío inmenso que presenció el cortejo desde los balcones y ventanas”.

Conclusiones

Se ha escrito muy poco sobre estos asesinatos, posiblemente porque los datos que se disponen son muy pocos. ¿Fue un crimen ordenado directamente por la cúpula  militar del Partido Comunista o fue un crimen aislado que pretendía silenciar los desmanes cometidos por los Guerrilleros en el asalto a la 'Posición Jaca'? Por desgracia no tenemos capacidad para responder a estas preguntas de una manera objetiva. Solo sabemos que el Consejo Nacional de Defensa quiso dar un castigo ejemplar por estos asesinatos a uno de los cabecillas del contragolpe comunista, el Coronel Barceló. Tras un Consejo de Guerra, el Coronel fue condenado a muerte y fusilado en el Cementerio Este de Madrid el 18 de marzo de 1939 a las 15.15. Agentes del SIM fueron los encargados de custodiar y trasladar a Barceló hasta el Cementerio. El piquete de fusilamiento lo formaban miembros de los batallones 1º y 2º de retaguardia que estaban mandados por el capitán Enrique Roldán Remonte. Sin embargo el oficial que estuvo al frente de la ejecución fue un joven teniente, natural de San Lorenzo de El Escorial llamado Eloy Martín Herranz que tras la guerra fue hecho preso por los franquistas y estuvo varios años encerrado en el Fuerte de San Cristóbal. Un capitán médico llamado Eloy Martín Herranz (fallecido en 1993) emitió el certificado de defunción del Coronel Barceló en el mismo cementerio.

¿Quiénes eran realmente los asesinados por los Comunistas?

El Coronel Pérez Gazzolo tenía 47 años cuando fue fusilado en El Pardo. Al estallar la guerra era Comandante de Infantería. Tuvo un papel destacado ya desde los inicios de la contienda y en agosto de 1936 acompañó a Miaja en su intento de ocupar Córdoba. En octubre de este año ascendió a Teniente Coronel y figuraba como uno de los ayudantes más cercanos a Miaja. El 18 de diciembre fue nombrado Jefe del EM del Ejército del Sur y participó en la evacuación de la población civil de Málaga. También fue uno de los encargados de dirigir las operaciones militares del asalto al Santuario de Santa María de la Cabeza con la XVI Brigada Mixta y el diputado comunista Pedro Martínez Cartón. Por aquellos días hizo amistad con el poeta Miguel Hernández que estuvo presenciando el asalto. 
Certificado de la muerte de Luis Barceló, enterrado en
el Cementerio Este de Madrid

El 30 de mayo de 1937 fue trasladado como segundo jefe al Estado Mayor del Ejército del Centro.  Fue el encargado de dirigir el traslado del Ejército del Centro del Ministerio de Hacienda a la 'Posición Jaca. A principios de marzo de 1939 fue ascendido a Coronel, ascenso que fue publicado en la gaceta del Ministerio de la Guerra. Su viuda se llamaba Carmen de Sostoa Erostarbe y en la década de los 80 empezó a cobrar la pensión por los trienios cosechados por su marido en su época militar.

Arnoldo Fernández Urbano murió a los 56 años. Al inicio de la guerra era Comandante de Infantería, diplomado del Estado Mayor. Largo Caballero, en el mes de septiembre de 1936, lo incluyó entre los miembros del EM del Ministerio de la Guerra, ascendiendo a Teniente Coronel. Fue muy próximo a Vicente Rojo y contribuyó a la Defensa de Madrid. Ascendió a Coronel en marzo de 1939. 

Joaquín Otero Ferrer. Como antes hemos dicho, al empezar el golpe de Casado él era el máximo responsable de la 'Posición Jaca'. Se había curtido durante toda la Guerra Civil luchando en Ciudad Universitaria y el Jarama. También preparó la ofensiva de la Batalla de Brunete.

Fuentes consultadas

'1939. Agonía y victoria'. Ricardo de la Cierva
'La traición de Stalin'. García Pradas
Cipriano Mera, memorias de un anarcosindicalista
'Así cayó Madrid'. Segismundo Casado.
'Así terminó la Guerra de España', Ángel Bahamonde
Biblioteca Virtual de la Defensa
Hemeroteca Nacional (periódico La Libertad)
Hemeroteca ABC
Archivo Histórico Nacional (Causa General): Consejo de Guerra Luis Barceló Jover