viernes, 23 de noviembre de 2012

La apasionante historia de Miss Jacobsen y las ambulancias escocesas durante la Guerra Civil



Fernanda Jacobsen con unos niños
Fernanda Jacobsen era una mujer fuera de la común. Aunque era escocesa, conocía perfectamente España y a los españoles. Desde niña visitaba anualmente nuestro país puesto que su tía había contraído matrimonio con un madrileño en 1905. Además, ya de adulta, mantenía una estrecha amistad con Tomás Bordallo Cañizal, cónsul de España en Glasgow por lo que su nivel de español era muy alto.
 El 18 de julio del 36, Fernanda trabajaba en la Universidad de Glasgow en el despacho del hispanista Daniel Macaulay. Días después de estallar la sublevación, su jefe le propuso organizar una expedición de ayuda humanitaria  para España y desde agosto, tanto Jacobsen como Macaulay trabajaron incesantemente para poner en marcha la expedición, que finalmente salió de Escocia a mediados de septiembre de 1936 y llegó a Madrid el día 17. Fue una expedición financiada exclusivamente por el pueblo escocés y su primer destino sería el puerto de Barcelona (llegarían en barco). En total, el grupo estaba formado por seis ambulancias, 12 pequeños camiones, un coche y un autobús. Pese al riesgo que suponía viajar a España en pleno conflicto bélico, Fernanda decidió capitanear por su cuenta y riesgo la expedición. De hecho, llegó a recibir el título honorífico de ‘Comandante de las Ambulancias Escocesas’. Junto a ella, estaban otros escoceses como John MacKinnon, Izod A. Joseph Carling, Thomas Peuman y Thomas Walters. También formaba parte de la expedición un español llamado Joaquín Morales.

La llegada de las ambulancias escocesas a Madrid coincidió prácticamente con el asedio a la capital por parte de las tropas de Franco. Las seis ambulancias se distribuyeron por los diferentes frentes de batalla de la capital y alrededores. Uno de los vehículos estaba emplazado casi las 24 horas en la Casa de Campo. Otro había sido trasladado hasta Olías del Rey (Toledo) y otros dos se encontraban ubicados en Parla y Getafe. El cuartel general de las ambulancias escocesas se ubicó, días después de llegar, en la zona de Aranjuez. Se cree que en los tres primeros meses de guerra atendieron a más de 2.500 heridos. Fernanda Jacobsen concedió una entrevista al diario Crónica en  noviembre de 1936 en la que explicó detalladamente cuál era su cometido:

Nuestra labor no tiene paréntesis. Actuamos sin descanso repartiendo víveres entre la población civil necesitada y colaboramos en el traslado de heridos del frente de batalla a hospitales. También ayudamos a las víctimas de los bombardeos. Los víveres que tenemos nosotros vienen directamente desde Escocia. Llegan por barco a Valencia, nos desplazamos allí a recogerlos y posteriormente los traemos de nuevo a Madrid. Ni que decir tiene que van destinados fundamentalmente a mujeres, ancianos y niños. Quiero dejar claro que nuestro viaje es puramente romántico. Ni el Gobierno de Escocia ni el de España nos entregan nada de dinero. Venimos aquí porque creemos en los valores democráticos.



Jacobsen con varios miembros de la expedición de ambulancia
 Una de las ambulancias quedó inutilizada por un proyectil franquista en Ciudad Universitaria aunque, en esa ocasión, no hubo que lamentar víctimas, ya que el chófer no se encontraba dentro. Otra de ellas, se desvió de su ruta y por error entró en zona enemiga. El conductor y el médico fueron detenidos por una avanzadilla de requetés que tras interrogarlos y al comprobar que llevaban el emblema de la Cruz Roja, decidieron ponerlos en libertad aunque sin ambulancia. En otra entrevista, Fernanda explicó las escenas de horror que vio durante la guerra:

He visto todos estos camiones cargados de heridos de los frentes. Los traíamos a la capital pero los hospitales también estaban repletos de soldados malheridos. No hemos podido salvarles a todos pero sí a un buen número.


En diciembre de 1936, Fernanda y la gran mayoría de componentes de la Unidad de Ambulancias escocesas regresaron a Escocia por Navidad. A su regreso, Mis Jacobsen fue recibida con honores por la Universidad de Glasgow, sin embargo, la sobra de la duda apareció contra los componentes de la expedición. Desde Madrid, alguien acusó a cuatro camilleros de la delegación extranjera de robar objetos de valor a los cadáveres de los milicianos que yacían muertos en el campo de batalla. Todavía hoy, seguimos sin saber si esas acusaciones eran verdaderas o no.


Evacuación de refugiados a Valencia organizada por Jacobsen
En enero de 1937 las ambulancias escocesas regresaron a España pero completamente renovadas. Un cincuenta por ciento de los miembros que emprendían de nuevo la aventura española eran novatos. Entre los recién incorporados estaba el médico Len Crome, que años más tarde se convertiría en Teniente Coronel Médico del Ejército Británico y persona muy vinculada a la Unión Soviética. La nueva expedición se olvidó de su anterior cuartel general en Aranjuez y se instaló en uno de los anexos de la embajada británica en Madrid. A partir de esta época, las ambulancias escocesas volvieron a estar en boca de todos. Algunos miembros de las Brigadas Internacionales empezaron a acusar a las ambulancias escocesas de entregar víveres a los franquistas que se encontraban refugiados tanto en la embajada inglesa como en otras legaciones diplomáticas. Paul Preston, en uno de sus libros, acusó a la señorita Jacobsen de lo siguiente:

Ella distribuía la comida destinada a la República por parte de los obreros escoceses a los madrileños derechistas refugiados en la embajada inglesa


Varios ciudadanos ingleses y españoles en la embajada inglesa


El doctor Len Crome mantuvo, por este asunto, acaloradas discusiones con Fernanda Jacobsen. Paralelamente entró en la historia Cristopher Lance, el máximo responsable, por aquel entonces, de la embajada inglesa en Madrid, situada en la calle Fernando El Santo que desde muy pronto empezó a asumir funciones de embajador. Len Crome, que meses más tarde se desvincularía de las ambulancias escocesas, veía al diplomático como un “fascista traidor” por acoger en la embajada a cientos de “derechistas perseguidos por la justicia republicana”. ¿Eran verdad estas acusaciones? Posiblemente. Años después de terminar la guerra, el diplomático inglés fue homenajeado por Franco. El libro ‘Voices for the spanish civil war’ le acusó, después de la contienda, de organizar expediciones clandestinas de refugiados franquistas a Valencia para desde allí ser trasladados a Francia. Estas acusaciones llegan a decir que “los presos franquistas salían de la embajada en las ambulancias escocesas, repletos de vendas, como si se tratara de heridos republicanos”.

Por medio de Lance, Fernanda conoció al médico militar Mariano Gómez Ulla. Pese a no compartir la ideología republicana, al prestigioso doctor, la guerra le había sorprendido en Madrid. Durante casi dos años, Gómez Ulla sirvió como médico para la República dirigiendo el Hospital de Sangre del Hotel Palace hasta que fue detenido en 1938 cuando intentaba pasarse a la España franquista. El doctor fue trasladado a Barcelona y condenado a muerte (1938). Miss Jacobsen hizo todo lo posible para que la pena no fuera ejecutada. Aprovechando su relación con Tomás Bordallo Cañizal (el ex cónsul español en Glasgow y que ahora estaba en Marsella), le pidió al diplomático que mediara para conseguir la liberación de su amigo. Tomás tampoco tuvo suerte. 
Mr Lance, encargado de la embajada inglesa


De la noche a la mañana, Fernanda consiguió una entrevista con el presidente, Indalecio Prieto
En un intento desesperado por salvar la vida del médico militar, Jacobson se desplazó hasta Londres para hablar de este asunto con el Primer Ministro del Gobierno Británico, Lord Atlee. Ante él y ante varios medios de comunicación ingleses, Jacobson afirmó de forma contundente que el doctor Gómez Ulla era inocente y que se trataba de uno de los mejores médicos de España que solo luchaba por salvar la vida de sus pacientes. Lord Atlee habló personalmente con Negrín, vía telefónica, y el presidente del Gobierno español decidió en última instancia conmutar su pena de muerte. Después de realizar múltiples gestiones, Fernanda le había salvado la vida a Gómez Ulla. Entre tanto, desde la zona franquista negociaban en secreto con los republicanos y la Cruz Roja un canje. Finalmente, Gómez Ulla fue canjeado por un médico republicano que estaba en poder de los nacionales. 

Sus gestiones para la puesta en libertad de Mariano Gómez Ulla no fueron las únicas. En febrero de 1938, Fernanda organizó personalmente la evacuación de Madrid de unas treinta familias españolas protestantes. En concreto hablamos de quince mujeres y diecisiete niños del Spanish Evangelical Refugee Home quiénes fueron trasladados en varios camiones de la organización de la capital a Barcelona. Una vez en Barcelona, Jacobsen acompañó a los refugiados a la frontera francesa donde fueron entregados al cónsul inglés en Paris. En territorio francés, las familias españolas fueron trasladadas hasta Londres.

Expedición protestante saliendo de Madrid rumbo a Francia
 Durante la guerra civil, Fernanda Jacobsen fue condecorada por el Gobierno Británico en la coronación de Jorge VI. Terminada la contienda, Fernanda Jacobsen regresó a Escocia en abril de 1939. Sin embargo, no se marchó antes de que llegaron los nacionales a Madrid sino que les esperó en la capital. Por parte de la prensa comunista internacional, la Comandante de Ambulancias fue muy criticada por esto. Le llegaron a calificar como “una mujer ambigua”. Aún con los nacionales en la capital, Jacobsen y sus pocas ambulancias que quedaban en pie, siguieron repartiendo víveres y ayuda humanitaria entre la desnutrida población de Madrid. Fue entonces cuando conoció a Priscilla Scott-Ellis, una aristócrata inglesa, que había trabajado como enfermera del lado franquista en Salamanca y Jerez. Priscilla describió a Fernanda de la siguiente manera:

Una mujer increíble, pequeña y cuadrada con un culo enorme. Siempre viste falda escocesa y medias gruesas de lana, zapatos de cuero duro y chaqueta caqui militar. Lleva un capotillo con cardos y un sombrero negro escocés.

Fernanda Jacobsen entrega víveres en Madrid.



jueves, 8 de noviembre de 2012

El primer kamikaze de la historia fue un piloto español



Katuiska republicano sobrevolando a una unidad.

Aunque había nacido en Vitoria, al sargento Felix Urtubi la guerra le sorprendió en África. En julio de 1936 estaba destinado en una base aérea cercana a Tetuán, escenario en el que Franco comenzó la sublevación. Pese a su juventud, tenía 30 años, había participado en algunas acciones bélicas en los años veinte en Marruecos. 

Tras producirse la sublevación, al piloto Urtubi le ordenaron trasladar a Burgos en su avión a un teniente de tercio del estado mayor. Los sublevados, eran muy celosos con la seguridad de sus vuelos y antes de subir a bordo, Urtubi fue registrado por un legionario para comprobar que no llevaba ningún tipo de arma que pudiera utilizar contra su superior, el teniente. En esta ocasión, Urtubi consiguió introducir en el aeroplano una pequeña pistolita escondida entre sus partes. 

El avión despegó con normalidad y después de veinte minutos de vuelo, nuestro protagonista propuso a su acompañante (el teniente de tercio) no hacer caso a las órdenes de sus superiores y en lugar de trasladarse a Burgos, viajar directamente a Madrid para ponerse al servicio de la República. El teniente se opuso completamente y amenazó a Urtubi con hacerle un consejo de guerra en cuanto aterrizaran. Se produjo una acalorada discusión y sobrevolando el estrecho de Gibraltar, el sargento disparó a quemarropa al teniente matándole en el acto. 

Pasadas las diez de la noche del 20 de julio, el Breguet 19 que pilotaba Urtubi aterrizó en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid).  Al bajarse del avión, el militar vitoriano comprobó que la base aérea estaba en poder de la República y acto seguido se puso a las órdenes directas de los máximos responsables.
El sargento Urtubi con unos amigos
La llegada de Urtubi a Cuatro Vientos fue reflejada como una hazaña heroica por la prensa de la época. En poco tiempo, se consolidó como uno de los pilotos más brillantes de la fuerza aérea republicana. En la zona franquista, Urtubi empezó a ser conocido como el Diablo Rojo. Por méritos de guerra fue ascendido a teniente hasta que el 18 de agosto del 36, un mes después de empezar la contienda, fue derribado por un avión alemán en el frente de Extremadura. El ya teniente del ejército republicano consiguió saltar en paracaídas cayendo en una zona boscosa en manos de los sublevados. 

Durante cuarenta y ocho horas, Urtubi se escondió entre los montes extremeños huyendo de las partidas nacionalistas que buscaban evadidos republicanos. Hidalgo de Cisneros, jefe de la aviación republicana, relató en sus memorias la hazaña de Urtubi en Extremadura: 

Felix se pasaba escondido el día y caminaba por la noche. En las afueras de un pueblo, pudo apoderarse de unos pantalones y de algunas prendas que estaban puestas a secar por unos campesinos. Vestido con ellas y llevando del rozal a un burro con carga de paja, que también se agenció, atravesó el campo rebelde y llegó a nuestras líneas. Faltó poco para que nuestros propios milicianos le fusilaran por espía. Contactaron personalmente conmigo para comprobar si ese campesino que había entrado en nuestra zona era realmente un piloto de los nuestros o un faccioso.

Avión abatido e incendiado por los nacionales
Desconocemos como regresó a Madrid, pero sí que sabemos que el 24 de agosto Urtubi estaba en  la capital reincorporándose al servicio activo. Hidalgo de Cisneros volvió a recordar en sus memorias, que una semana después de incorporarse de nuevo a la aviación republicana en Cuatro Vientos, nuestro protagonista volvió a ser abatido aunque en esta ocasión consiguió saltar en paracaídas y caer en zona gubernamental.

El 13 de septiembre de 1936 cuando estaba efectuando un vuelo de reconocimiento por el frente de Talavera con otro bombardero Nieuport  fue atacado por una escuadrilla de tres Fiat italianos liderados por el capitán García Morato. Junto a él, las otras dos naves eran pilotadas por los italianos Giri y Boccocolari. Hidalgo de Cisneros recordaba:

Los Fiat se lanzaron como pájaros de presa sobre aquel Nieuport solitario decididos a no dejarle escapar.
 Durante el combate sabemos que Urtubi derribó a uno de los aviones italianos hasta quedarse sin munición. Consciente de que su avión era mucho más lento que el de sus adversarios, el piloto republicano decidió chocar contra uno de sus perseguidores.La prensa republicana de la época recoge el combate de la siguiente manera (La Voz, septiembre 1936)

Fue el domingo, en el frente de Talavera, cuando Urtubi luchó contra un avión enemigo. Curvas acentuadas, descensos arriesgadísimos y elevaciones verticales con el tableteo de las ametralladoras. Abajo, en la tierra, un grupo de milicianos contemplaban emocionados la lucha. Su caza se elevó contra el aparato enemigo, después provocó el choque contra él. Los dos aviones cayeron al suelo envueltos en llamas.
Así recogió La Voz la muerte de Urtubi


 El problema que tenían los aviones que pilotaban los aviadores republicanos como Urtubi era su facilidad para incendiarse. Los SB-2, tras ser alcanzados en el aire eran propensos a saltar por los aires ya que sus depósitos de combustible no iban blindados, así que terminaban convertidos en una bola de fuego.

Urtubi murió carbonizado dentro de su aparato. No había podido saltar ni siquiera en el paracaídas. Murió matando, como él siempre había dicho. Desde que empezó la guerra el piloto vitoriano dijo en más de una ocasión públicamente: “El día que no pueda hacer otra cosa, perderé la vida pero no se me escapará el avión enemigo”. El piloto italiano contra el que se estrelló el teniente Urtubi consiguió salir con vida del combate. A duras penas saltó en paracaídas y al llegar a tierra, al pensar que estaba en zona franquista, dijo “Soy italiano. Viva Franco”. Grave error. Los soldados que le apuntaban no eran nacionalistas sino todo lo contrario. Fue encerrado en la cárcel de San Antón y juzgado por rebelión. 

De esta manera, Felix Urtubi se convirtió en el primer kamikaze de la historia. Años después, los japoneses practicarían este modo de concebir la guerra contra los acorazados norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial. 

Su cuerpo fue sepultado con honores militares en el cementerio de un pequeño pueblo cercano a Talavera de la Reina. Se había convertido en el primer héroe de la aviación republicana y ahora desde http://guerraenmadrid.blogsport.com sacamos su nombre del anonimato.
Hemos podido rescatar la hazaña de Felix Urtubi gracias a las declaraciones ante la justicia republicana del piloto italiano capturado tras el combate aéreo. 

La muerte heroica de Felix Urtubi no fue ni mucho menos la única de la guerra civil. Muchísimos pilotos brillantes de los dos bandos murieron como consecuencia de una guerra despiadada y cruel.

Anaias San Juan era amigo íntimo de Felix Urtubi antes de la guerra. El alzamiento le sorprendió en zona nacionalista y se pasó al bando republicano en noviembre de 1936 protagonizando una gesta similar a la de su amigo. Hasta esa fecha, San Juan había servido como brigada aviador en el bando franquista en una escuadrilla de Junkers alemanes. Al igual que Urtubi, este militar aprovechó un descuido de sus superiores y aterrizó en el aeropuerto de Alcalá de Henares procedente de Burgos. 


En el centro Anaias San Juan, amigo íntimo de Urtubi
Durante el resto de tiempo que duró la guerra ejerció como segundo jefe de grupo 24, al frente de los katiuskas soviéticos. Ya defendiendo los ideales republicanos tuvo un enfrentamiento directo con el as de la aviación franquista, Joaquín García Morato en Jaen. Fue un 2 de enero de 1937 cuando García Morato ametrallo su katiuska matando a su observado, Celso González y al suboficial encargado de la ametralladora, Julián Fuentes. Tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en un olivar de Andújar sin tren de aterrizaje y con más de 100 impactos de bala en todo el aeroplano. A pesar de todo, logró salir ileso. 

Al terminar la guerra se exilió en Casablanca hasta que en 1940 logró marcharse a México en un barco con bandera francesa.  En el país americano continuó ejerciendo como piloto civil en las líneas aéreas mexicanas hasta que un problema de vista le apartó de su pasión; volar. Su hijo también se dedicó a la aviación civil y Anaias llegó a compartir con él algún vuelo conjunto.Los compañeros de escuadrilla durante la guerra le apodaban el ‘el penitas’. Murió en la capital mexicana en 1985.
 




lunes, 29 de octubre de 2012

Gutiérrez Mellado y sus extraños amigos en el Madrid republicano (Parte II)

Manuel Gutiérrez Mellado
Como ya hemos contado en el capítulo anterior, Gutiérrez Mellado fue trasladado a la Dirección General de Seguridad por unos milicianos de Villaviciosa de Odón. Recordemos que había llegado hasta esa localidad madrileña escapando de la toma de Campamento por las fuerzas gubernamentales a las pocas horas de fracasar la sublevación. Había escapado a Villaviciosa en compañía de otros militares: los tenientes García Benítez (hermanos), los capitanes Ávila Contreras y Marcelino Díaz Sánchez y el soldado falangista Olivares. En este pueblo, Manuel tenía algunos familiares (había veraneado allí desde niño) a los que pidió ayuda nada más llegar. Mientras él se dirigía a casa de su primo, el resto de sus compañeros de fuga se quedaron en una casa abandonada. Terminada la guerra, Gutiérrez Mellado contó que se había quedado dormido en casa de su primo y que al despertarse fue a buscar a sus compañeros de fuga y se enteró de que habían sido detenidos y trasladados a Madrid. Su familia le convenció de que hablara con el alcalde de Villaviciosa, que era del Frente Popular, pero a juicio de Manuel “muy buena persona” y entre ambos acordaron que se entregaría a las autoridades madrileñas. Antes, alcalde y militar habían preparado una coartada; harían creer a las autoridades que a Gutiérrez Mellado le había sorprendido la sublevación en Villaviciosa y que no había participado de ninguna manera en el alzamiento del Regimiento de Artillería a Caballo.

Declaración firmada por G. Mellado ante el juez (ver su firma)
El traslado del teniente a Madrid se realizó con una fuerte escolta. El alcalde de Villaviciosa, amigo de la familia de Manuel, ordenó a sus mejores hombres que le dieran escolta hasta llegar a Madrid, ya que las carreteras y caminos de acceso a Madrid estaban en manos de incontrolados de la CNT. Antes de pasar a disposición judicial fue trasladado a la cárcel de San Antón hasta que fue juzgado por dos tribunales diferentes. Allí coincidió con todos sus compañeros de fuga. A todos ellos salvo a los hermanos García Benítez les estaban juzgando como responsables del alzamiento en el regimiento de caballería. A Manuel no le incluyeron en aquel sumario. En un primer momento, las autoridades judiciales se habían creído su coartada o más bien habían querido creérsela. De hecho estoy convencido de que tras ser detenidos por los milicianos de Villaviciosa y trasladados a Madrid, el resto de compañeros de fuga de Manuel dijeron a la policía que se habían desplazado hasta este pueblo en compañía de Gutiérrez Mellado.

 En San Antón, cárcel ubicada en la actual calle Farmacia de Madrid, quedó recluido en la segunda galería de la primera planta llamada ‘el transatlántico’ por su gran envergadura. A medida que se acercaban las tropas de Franco a Madrid, el Gobierno republicano invitó a los oficiales encarcelados a luchar contra la rebelión. No fue el caso de Manuel. A él no le ofrecieron esa posibilidad. Sí que lo hicieron a dos de sus compañeros de fuga en Villaviciosa, los tenientes García Benítez que se negaron categóricamente. Uno de ellos llegó a decir en público: “solo irá al frente para combatir con los míos”. Este descaro les saldría muy caro. Un miliciano tomó nota de los oficiales que se habían negado a combatir a favor de la República y semanas más tarde serían ejecutados en Paracuellos.  El 22 de agosto, quince días después de su detención, pasó a disposición judicial por orden Ricardo Calderón Serrano, magistrado del Tribunal Supremo y Secretario General de los Tribunales Populares de Madrid. El fiscal que estudió su caso fue Gregorio Peces – Barba (Padre de  Peces Barba, del impulsor de la Constitución), una de las personas de confianza de Melchor Rodríguez, más conocido por el Ángel Rojo (el anarquista que al frente de la Dirección General de Prisiones salvó muchas vidas).
Confirmación de la pena de muerte de
Marcelino Sánchez, compañero de
Gutiérrez Mellado
Durante los meses de noviembre y diciembre de 1936, nuestro protagonista sufrió enormemente los males de la guerra. Su amigo y compañero de fuga Marcelino Díaz Sánchez había sido condenado a muerte por participar activamente en la sublevación de Campamento. Además, los hermanos García Benítez y el capitán Ávila Contreras habían sido ejecutados, sin juicio previo, en Paracuellos del Jarama. Los únicos que habían sobrevivido de la expedición de Villaviciosa habían sido Gutiérrez Mellado y el soldado Alfonso Olivares.  A partir de enero de 1937, la situación en San Antón cambió por completo. Se hizo cargo de la cárcel Celedonio Pérez Bernardo, hombre cercano a Melchor Rodríguez, que humanizó la vida de los presos. Manuel entabló mucha relación con Celedonio durante las semanas siguientes. Un funcionario de prisiones llegó a decir de la cárcel de San Antón que:

“Aquello dejó de ser una cárcel para convertirse en una especie de embajada u oficina de la Quinta Columna. Todo en cuanto al aspecto moral porque las cosas en lo material iban de mal en peor. La comida era cada día más escasa: el pan llegó a reducirse a un cuarto de chusco por persona al día”.
Pero volvamos de nuevo a la historia en sí de Gutiérrez Mellado. Los dos juzgados que tenían que decidir la sentencia de Gutiérrez Mellado le juzgaron por “desafección al régimen” y no por “rebelión militar”.  ¿Cómo era posible que un oficial del Regimiento de Infantería a Caballo que se había sublevado en Carabanchel no fuera juzgado por “rebelión militar” como sucedía con el resto de sus compañeros. Todo apunta a que los jueces habían aceptado la versión de Manuel de que el día del alzamiento se encontraba enfermo en Villaviciosa y no en Campamento. Sin embargo, me hago la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que ninguno de los 40 implicados en la sublevación del regimiento de artillería a caballo implicara a Gutiérrez Mellado en la sublevación? Es imposible. Su nombre tuvo que aparecer seguro como parte activa del alzamiento.  Desde mi punto de vista, y es una opinión personal, al famoso militar le salvaron la vida sus influencias ya varias personas de izquierdas le apoyaron durante el juicio.
Citamos la declaración literal de Gutiérrez Mellado ante los jueces en febrero de 1937:



El 18 de julio se encontraba de baja por enfermedad en Villaviciosa de Odón  y con permiso. No pudo venir a Madrid a presentarse a sus superiores hasta el día 7 de agosto. Acudió a Madrid acompañado por milicianos de Villaviciosa. Después de llegar al Ministerio y tras esperar un gran rato, le comunicaron que estaba detenido confiriéndome a la Dirección General de Seguridad y posteriormente a esta cárcel de San Antón. Ignora el motivo de su detención ya que el declarante es afecto al régimen y nunca ha intervenido en política. Requerido para que presente pruebas exculpatorias dice que se reserva du derecho a presentarlas


A partir del 13 de febrero de 1937 empezaron a declarar en los juzgados, diferentes personas de izquierdas que buscaban la libertad de Gutiérrez Mellado. Una de ellas era Federico Orihuela Garrero, empleado de profesión y afiliado a la UGT desde el 1 de octubre de 1936. En su declaración afirma:


Conoce al denunciado “desde que este era un niño al quedar huérfano por la muerte de su padre. Manuel hizo la carrera a fuerza de trabajos y sacrificios con su esfuerzo personal. Nunca ha tenido ninguna actividad política ni tendencias en contra del régimen, por lo que le considera afecto al mismo. Sabe que cuando estalló el movimiento se hallaba en su pueblo, próximo a Madrid disfrutando de permiso


Como se puede comprobar, Federico mintió a los tribunales, con lo que eso significaba al asegurar que el 18 de julio Gutiérrez Mellado se encontraba en Villaviciosa. Si los propios tribunales, que sabían a ciencia cierta que nuestro protagonista estuvo en el alzamiento de Carabanchel, ¿Por qué no detuvieron al empleado de la UGT por encubrir la realidad? .  Ahora nos hacemos otra pregunta: ¿Quién era realmente Federico Orihuela Garrero? Se trataba del empleado del arquitecto Luis Calleja, familiar de Gutiérrez Mellado y una de las personas que más hizo por él durante la guerra. Calleja conocía muy bien a Melchor Rodríguez al coincidir con él en la Modelo en 1935. Los dos habían entablado una gran amistad, el arquitecto por encontrarse preso tras el derrumbe de un edificio y el anarquista por encontrarse trabajando en esa prisión. Gracias a Calleja, Melchor Rodríguez medió en el juicio contra Gutiérrez Mellado y amañaron el juicio tanto con el presidente del tribunal como con el fiscal.

Antonio Aizcorbí Zubiría, de 64 años, afiliado a la UGT desde 1935, también declaró a favor de Gutiérrez Mellado. También sabemos que Antonio era empleado o lo había sido de la familia Calleja:



Le conoce desde hace muchos años de ir a la imprenta Calleja donde trabaja el declarante. Siempre fue muy prudente en el trato no habiendo hablado de política, desconociendo, por lo tanto, su filiación aunque creyendo que es afecto al régimen


Después de esta declaración, el fiscal solicitó la suspensión del juicio para solicitar que declarara el Comité del Frente Popular de Villaviciosa de Odón para que informara de las actividades del teniente Manuel en dicho municipio y si en realidad estuvo enfermo entre el 19 de julio y el 7 de agosto.  Pese a la solicitud del fiscal, el tribunal no consideró oportuna la comparecencia de los milicianos de Villaviciosa ni siquiera un parte médico. El presidente del tribunal, amigo de Melchor Rodríguez,  aceptó la versión de Gutiérrez Mellado absolviéndole. Sin embargo, no quedó en libertad inmediatamente. La burocracia en tiempos de guerra era demasiado lenta. En marzo de 1937, pese a la absolución judicial, Manuel seguía preso en San Antón.  Muy nervioso, Luis Calleja se dirigió a la Junta de Defensa de Madrid para denunciar la situación que vivía Gutiérrez Mellado: había sido absuelto pero seguía preso en la cárcel. Un militar cercano a Miaja informó al arquitecto que “eso no podía ser. Gutiérrez Mellado aparecía en una lista de fallecidos en la sublevación de Campamento”. Al insistir en que estaba vivo y preso en la cárcel de San Antón, la Junta de Defensa pidió a Calleja que fuera al día siguiente. Y eso hizo. En la Junta de Defensa le dijeron que tras consultar el expediente de su antiguo regimiento, el teniente Gutiérrez Mellado aparecía denunciado como “fascista peligroso y promotor de la rebelión de Campamento, por lo que agradecían mucho la ayuda prestada para localizarlo.
Con este documento le concedieron la libertad
a Manuel Gutiérrez Mellado
Afortunadamente, antes de que las autoridades de la Junta de Defensa de Madrid hicieran acto de presencia en San Antón, Manuel había sido puesto en libertad. La misma tarde del 7 de marzo de 1937, la policía de Madrid tenía una orden de detención por lo que se tuvo que ocultar en varios domicilios de amigos. Por medio de un conocido quintacolumnista, Gutiérrez Mellado logró refugiarse en la embajada de Panamá, situada en la calle Goya número 83 hasta que fue evacuado clandestinamente de Madrid por medio de la organización Antonio. Fernando Puell de la Villa, su biógrafo, afirma que Manuel salió de la capital en febrero de 1938, sin embargo, tras consultar varios archivos militares y declaraciones de evadidos, un servidor puede afirmar que la evacuación se tuvo que realizar durante el otoño de 1937.

¿Cómo fue la evacuación de Gutiérrez Mellado? Por medio de la organización Antonio, una organización que se dedicaba a evacuar, sobre todo, a militares de aviación y artillería por medio de la ruta del Tajo.  En una pequeña barca, nuestro hombre atravesó el río en plena noche hasta llegar a zona nacionalista. El lugar indicado para pasarse a la otra zona era los alrededores del municipio de la Puebla de Montalbán.
Ya en la otra zona, Gutiérrez Mellado entró en contacto con el Servicio de Información y Policía Militar franquista en el Frente del Centro cuyo jefe era Bonel Huici quién le ordenó regresar a Madrid para reconstruir la organización Antonio, que había sido desarticulada por la policía. De regreso a Madrid, Gutiérrez Mellado tenía la orden de relacionarse con Antonio Garijo, militar de reconocido prestigio y jefe de operaciones del Ejército del Centro republicano que quería colaborar con los sublevados al ser consciente de que la guerra estaba perdida.  Hasta el final de la contienda, Garijo facilitó datos de gran valor a Gutiérrez Mellado  le ayudó a preparar la fuga de varios oficiales que estaban escondidos en embajadas. Durante los últimos días de la guerra civil, Garijo fue uno de los hombres claves del ejército republicano al establecer contactos con Franco para la capitulación de Madrid.

Hasta el final de la guerra, Gutiérrez Mellado atravesaba el frente de batalla moviéndose como Pedro por su casa de un lado a otro de las dos Españas. Terminada la contienda el 7 de diciembre de 1939, La Auditoría de Guerra le declaró “sin responsabilidad” en el sumario contra él y antes de llegar a 1940 ascendió por antigüedad a capitán.
Una vez terminada la guerra, nuestro protagonista continuó trabajando para el SIPM. Las funciones del Servicio de Información y Policía Militar, se centraron desde entonces en perseguir a los sospechosos de colaborar o haber colaborado con las instituciones republicanas. A Gutiérrez Mellado le encomendaron hacerse con el control del barrio de Buenavista (hoy por hoy Salamanca). En verano de 1939, el ya capitán Gutiérrez ocupó el cargo de responsable de la Sección Contraguerrillas (con sede en el número 66 de la calle Núñez de Balboa) dedicándose a perseguir a los guerrilleros insurgentes que se enfrentaban a las autoridades franquistas en los montes.

Gutiérrez Mellado fue el encargado de investigar la muerte del Comandante de la Guardia Civil Isaac  Gabaldón Irurzún (destinado en la jefatura del SIPM) y su hija cuando se dirigía a Talavera de la Reina. Un grupo de guerrilleros tirotearon el vehículo oficial de Gabaldón asesinando al militar, a su hija adolescente y al chófer del Comandante. La polémica desatada alrededor de ese asesinato a punto le estuvo de costar el puesto a Manuel. Finalmente el General Varela disolvió el SIPM y Gutiérrez Mellado se olvidó para siempre de los servicios de información. Por cierto, el asesinato de Gabaldón provocó la ejecución de un grupo de mujeres socialistas, más conocido por el nombre de ‘Las trece rosas’.
(Sobre la muerte de Isaac Gabaldón recomiendo leer el libro de Blas Piñar Pinedo 'La tesis prohibida'. Muy interesante desde luego y recomendable cien por cien)
Fuentes Consultadas:
- Archivo Histórico General: Causa General contra Gutiérrez Mellado, Regimiento de Artillería a Caballo y Alfonso Olivares Urrea
- Archivo Histórico Militar: Memoria de organizaciones varias
- Varios libros y biografías del personaje