miércoles, 1 de noviembre de 2017

La desconocida historia del padre de Julio Iglesias en la Guerra Civil

Julio Iglesias Puga en 1943, año en el
que contrajo matrimonio con María del
Rosario de la Cueva
Fue uno de los personajes televisivos más carismáticos del recién estrenado siglo XXI. El doctor Julio Iglesias Puga, conocido en los programas del corazón como 'Papuchi', pasó a la historia, además de por ser el padre del archifamoso cantante madrileño (Julio Iglesias), por haber logrado la paternidad a los noventa años.  Estas historias de glamour y prensa rosa contrastan radicalmente con los avatares que tuvo que hacer frente este conocido ginecólogo antes y durante la Guerra Civil. Lo que casi nadie sabe es que el padre de Julio Iglesias sufrió lo indecible en varias cárceles republicanas y en un campo de concentración del Frente Popular.

Nacido en Ourense el 26 de julio de 1915, Julio Iglesias Puga empezó a simpatizar con la Falange en 1933 después de presenciar in situ un discurso de José Antonio Primo de Rivera. Un año más tarde fue encarcelado tras protagonizar unos incidentes callejeros junto a otros jóvenes falangistas. Por aquel entonces ya había empezado a estudiar la carrera de Medicina que años más tarde le convertiría en un afamado ginecólogo, pionero en realizar la técnica del parto sin dolor.

La Guerra Civil sorprendió al padre de Julio Iglesias en Madrid y al igual que miles de jóvenes fue movilizado y enviado al frente de batalla para combatir (muy a su pesar) en un bando en el que no se sentía identificado. Curiosamente antes de estallar la contienda se encontraba haciendo el servicio militar en el regimiento Wad Ras número 1, agregado a la caja de reclutas número 2. En ese mismo regimiento también se encontraba su hermano José Iglesias Puga que se había incorporado en febrero de 1936.

Cinco meses antes de que empezara el conflicto, en marzo de 1936, los hermanos Iglesias fueron detenidos por agentes de la Comisaría de Investigación y Vigilancia acusados de formar parte de Falange. Hay que recordar que tras el atentado contra el socialista Jiménez Asúa protagonizado por un falangista, un juez ilegalizó a la Falange y la gran mayoría de sus líderes fueron arrestados entre ellos Primo de Rivera.

Detenido antes de la Guerra Civil

Julio y José fueron detenidos en las mismas instalaciones del regimiento Wad Ras en el Cuartel María Cristina y trasladados a la Dirección General de Seguridad donde fueron interrogados por agentes de Policía que pretendían obtener el mayor número de datos posibles del funcionamiento de la Falange. Allí estuvieron solo una tarde porque muy rápido fueron puestos en libertad si cargos.
Antiguo cuartel María Cristina, donde estaba haciendo la
mili Julio Iglesias Puga y su hermano

Tras regresar al cuartel, los dos hermanos fueron enviados directamente al calabozo de su regimiento donde permanecieron ocho días. No fueron los únicos reclutas que fueron arrestados por pertenecer a Falange. Una docena de compañeros también acompañaron a los hermanos Iglesias Puga en su breve cautiverio. Tras ser puestos en libertad siguieron haciendo el servicio militar hasta que estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936. 

Al empezar la sublevación militar nuestros protagonistas vivían a caballo entre las instalaciones del regimiento y su vivienda de la calle Colegiata número 11, segundo piso. No tenemos demasiado claro qué sucedió con Julio Iglesias Puga durante los primeros días de la contienda que fue cuando su regimiento se levantó en armas contra la República. De hecho los oficiales del Wad Ras protagonizaron el último foco de levantamiento de Madrid en ser sofocado  por el Frente Popular. Desconocemos, por lo tanto, si 'Papuchi' participó activamente o no en el alzamiento que tuvo lugar en el acuartelamiento Reina Cristina.

Perdemos la pista a Julio Iglesias Puga hasta octubre de 1936. Un compañero de regimiento, llamado Antonio Virgos interpuso contra él y contra su hermano José una denuncia  acusándoles de ser derechistas y de simpatizar con los sublevados. En otras palabras, les estaba acusando de un delito de desafección al régimen republicano. ¿Quién era realmente Antonio Virgos? Un joven de 20 años que al igual que los hermanos Iglesias Puga estaba haciendo el servicio militar en el regimiento Wad Ras y que se encontraba afiliado al Partido Comunista (número de afiliación 125767). Virgos interpuso la citada denuncia un 24 de octubre en la comisaría de Policía del Distrito del Congreso.

La denuncia de un comunista

A partir de ese día, los agentes encargados de investigaciones de esta comisaría empezaron a trabajar para recabar el mayor número de pruebas que inculparan a Julio Iglesias Puga y a su hermano. No tuvieron demasiados problemas en confirmar que los dos hermanos tenían una ficha en la Dirección General de Seguridad por estar afiliados a la Falange y por haber sido detenidos tanto en 1934 como en marzo de 1936. También descubrieron que un hermano suyo (Ulpiano Iglesias Puga) formaba parte del Ejército Nacional siendo Brigada Farmaceútico del Depósito de Medicamentos de Segovia. Otro hermano, Manuel, también estaba con Franco en Burgos ostentando el grado de alférez de provisional en el Batallón de Cazadores de Ceriñola número 6.
Copia de la denuncia contra Julio Iglesias Puga y su hermano

El 12 de noviembre de 1936, los dos hermanos Iglesias Puga fueron detenidos por la Policía y trasladados inicialmente a la comisaría de Congreso para prestar declaración. Según relataron en las diligencias los policías que les detuvieron (Palazón y Cantano) el arresto se produjo "sin novedad". La acusación formal contra ellos era: "Frecuentar lugares donde iban elementos de derechas, estar afiliados a Falange y ser elementos de acción de esta organización". No sabemos a ciencia cierta cuanto tiempo estuvieron en esta comisaría, sin embargo sí que tenemos conocimiento de que el día 21 de este mes ya se encontraban en la Prisión de Ventas a la espera de que se celebrara su juicio.
El 26 de noviembre la Dirección General de Seguridad emitió un informe detallado sobre el padre de Julio Iglesias destacando de él que estaba afiliado a la Falange desde antes de la sublevación militar. En relación con su hermano José, el informe mencionaba que trabajaba como técnico industrial que formaba parte de Falange desde diciembre de 1933.

El juicio contra ellos no empezó hasta el 29 de diciembre de 1937 y el fiscal les acusaba de "rebelión militar" pidiendo para ambos una pena de doce años de reclusión en un campo de trabajo. Pese a la dureza de la petición, el fiscal fue un poco más benévolo y finalmente gracias al trabajo del abogado de oficio Gerardo Lacalle. Finalmente el tribunal popular número 3 condenó a los dos hermanos Iglesias Puga a tres años de internamiento en un campo de trabajo y una multa a cada uno que oscilaba las 10.000 pesetas.

La detención de su padre y el traslado a Valencia

Justo al mismo tiempo que se daba a conocer la sentencia, la familia Iglesias Puga sufrió un nuevo varapalo en enero de 1937. El padre de Julio y José (es decir el abuelo de Julio Iglesias) fue detenido y acusado de desafecto al régimen republicano. Se llamaba Ulpiano Iglesias Sarria, tenía 61 años, y aunque era Comandante de Infantería Retirado por la Ley Azaña, también era propietario de una farmacia (era licenciado) en el número 44 de la calle General Ricardos. Las autoridades del Frente Popular detuvo a Ulpiano acusado de haber pertenecido a Acción Popular e incluso de militar en la UME antes de la Guerra Civil. Ulpiano estuvo en la cárcel de Alcalá de Henares y en Ventas hasta abril de 1937, fecha en la que se celebró su juicio que terminaría absolviéndole por falta de pruebas. Más adelante, en agosto de este año, volvió a ser detenido aunque en septiembre ya estaba en libertad.
José Iglesias Puga, hermano
de nuestro protagonista

Pero volvamos de nuevo a la figura de Julio Iglesias Puga que como antes decíamos había sido condenado a tres años de internamiento. Inicialmente fue trasladado a la prisión de Sueca en Valencia donde sabemos que ya estaba en octubre de 1937. Tenemos una notificación, con fecha 23 de julio de 1938, en la que se le notificaba su traslado y posterior llegada al Campo de Trabajo de Tarancón. Su traslado coincidió prácticamente en fechas con la durísima Batalla del Ebro.

Julio Iglesias Puga y su hermano José trabajaron durante semanas junto a cientos de presos en la preservación de la línea de ferrocarril que la República había construido en 1937 entre la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz y el municipio conquense de Tarancón. Durante su estancia en este Campo de Trabajo, el padre de Julio Iglesias trabajó sin descanso quince horas al día, en ocasiones por el puro placer de sus captores ya que cuando llegó la última remesa de prisioneros desde Valencia (la suya), la línea férrea ya estaba construida. Los presos se alojaron en las localidades de Nuevo Baztán y Ambite donde Julio Iglesias también fue obligado a adecentar un campo de aviación que tenía la República.

En justo en esta época cuando le perdemos la pista para siempre al padre de Julio Iglesias. En el sumario judicial al que fue sometido el último dato que consta de él es su ingreso en el Campo de Trabajo de Tarancón y el intento de incautación de sus bienes por parte de las autoridades republicanas (algo que no consiguieron, al menos desde el punto de vista económico).

Lo que sucedió con Julio Iglesias Puga hasta el final de la Guerra Civil es, por lo menos para mí, un auténtico misterio desde el punto de vista documental. Hay algunas versiones que apuntan a que en 1938 fue liberado por unidades falangistas en la localidad de La Mora (Toledo), instalándose posteriormente en la retaguardia franquista. Desde www.guerraenmadrid.com hacemos un llamamiento a nuestros lectores para que nos permitan conocer qué es lo que sucedió exactamente con el padre de Julio Iglesias en el tramo final de la contienda.

Sí que tenemos conocimiento de que al término de la guerra fue condecorado con las medallas de la 'Vieja Guardia' y con la 'Encomienda Civil'. En 1939 prosiguió con sus estudios de medicina y en 1942 ya estaba opositando (según consta en el BOE) para ser "médico internista". En el año 1943 se casó con su primera mujer, María del Rosario de la Cueva y Perignat a la que había conocido en una fiesta de carnaval de Carabanchel Bajo. Justo ese año nacería su primer hijo, el mítico cantante Julio Iglesias.
Julio Iglesias Puga en 2001 y en el año 1955

La historia de 'Papuchi' a partir de aquí ya la conoce todo el mundo. Formó parte en 1955 de la Diputación Provincial de Madrid y se convirtió en uno de los ginecólogos más famosos de la España franquista tras convertirse en el gran impulsor de las técnicas del parto sin dolor, además de crear la Clínica de la Maternidad de Madrid donde fue jefe de varios departamentos. Como todo el mundo ya sabrá, en los ochenta fue secuestrado por la banda terrorista ETA y el propio Julio Iglesias Puga calificó su cautiverio en un zulo aragonés como "mucho peor" que su encarcelamiento durante la Guerra Civil.



Fuentes consultadas:

- Sumario del Tribunal de Urgencia Número 3 de Madrid. FC-CAUSA_GENERAL,15,Exp.194
- Sumario del Tribunal de Urgencia Número 3 de Madrid. FC-CAUSA_GENERAL,328,Exp.41
- Sumario Jurado de Urgencia Número 6 de Madrid. FC-CAUSA_GENERAL,346,Exp.24
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Hemeroteca de la Comunidad de Madrid
- Biblioteca Prensa Histórica.

lunes, 2 de octubre de 2017

La falsa embajada de Siam y el derechista infiltrado en la CNT

Una embajada en Madrid durante la Guerra Civil /Cronica
A buen seguro que el nombre de Alfonso López de Letona no le sonará demasiado a la gran mayoría  de los lectores de www.guerraenmadrid.com . Solo encontrarán de él algo de información a través de webs de la Memoria Histórica en las que se recuerda que fue “represaliado por el franquismo” al término de la Guerra Civil o en blogs especializados como http://bremaneur.wordpress.com . En esta ocasión 'Guerra en Madrid' va a contar con pelos y señales su historia antes, durante y después de la guerra, así como la importancia que tuvo este siniestro personaje en la represión clandestina que realizó la CNT durante el otoño-invierno de 1936. La figura de López de Letona está indiscutiblemente ligada  al maquiavélico plan de la falsa 'Embajada de Siam' en Madrid, un plan que pusieron en marcha los anarquistas más destacados de nuestro país con el objetivo de “acabar” con el mayor número de derechistas posibles. 

Aunque pueda sonar contradictorio, antes de que empezara la Guerra Civil, López de Letona trabajaba para Antonio Goicoechea, líder del partido de la derecha monárquica 'Renovación Española'. De hecho, no solo trabajaba para el famoso político (que en su día había sido Ministro con Alfonso XIII) sino que era uno de sus hombres de confianza, hasta el punto de que el 17 de julio de 1936 le acompañó en coche desde Madrid hasta una finca de Salamanca muy próxima a la frontera con Portugal. Goicoechea, consciente del riesgo que supondría suponer para él estar en la capital cuando se produjera la sublevación militar, le pidió a López de Letona que le llevara hasta la frontera con Portugal para ponerse a salvo. Esa misma noche, nuestro protagonista regresó a Madrid. 

Pero centrémonos ahora en la figura de López de Letona antes de que estallara la Guerra Civil.  Sabemos que trabajaba para Goicoechea desde 1933, actuando en algunas ocasiones como “secretario particular” y en otras como “escolta”. Era habitual que en aquellos convulsos años treinta, los principales políticos estuvieran acompañados, cada vez que salían a la calle, por matones a sueldo o pistoleros.  López de Letona no era una excepción y casi siempre que iba junto a su jefe llevaba una Mauser del año 1920. 
Antonio Goicoechea, jefe de López de
Letona antes de la Guerra Civil

Curiosamente el 5 de junio de 1936, casi dos meses antes de que empezara la guerra, se abrió contra él un procedimiento judicial por “tenencia ilícita de armas”. Por estas fechas, y tras el nombramiento realizado por el propio Goicoechea, desempeñaba el cargo en Renovación de 'Jefe de Grupos Especiales', una especie de grupos de acción de jóvenes pistoleros del partido que estaban dispuestos a enfrentarse a tiros con otros jóvenes de izquierdas. Curiosamente, en 1934 López de Letona resultó herido por arma de fuego en el dedo tras un tiroteo en el Círculo Agrario de la Guindalera.

No fue el único proceso que López de Letona tuvo que hacer frente antes de que empezara la contienda. Ya en el año 1934 se abrió un procedimiento contra él por un supuesto delito de estafa por una denuncia que le interpuso su cuñado, Vicente Silió Beleña, hijo de la mano derecha de Antonio Maura. Tres años antes, en 1931, también fue procesado por “robo, duplicidad, falsedad y estafa”. Tenemos a nuestra disposición parte del proceso al que fue sometido entonces en el que se dice que estaba domiciliado por aquel entonces en la calle Ramón de la Cruz número 63 de Madrid. Debía comparecer en noviembre de este año ante el Juzgado de Instrucción del Distrito de Buenavista, juzgado mandado por el juez Ursicino Gómez Carbajo.

Antecedentes por llevar armas y por estafa

Como pueden imaginar nuestros lectores, la fama de López de Letona antes de la Guerra Civil era paupérrima. Leamos a continuación la declaración que hizo un alférez de Caballería llamado José Blanes, que coincidió con él en Renovación Española antes de la contienda: “Le considero un ser absolutamente indeseable, traidor de sus propias ideas que ha cometido varias estafas en el extranjero por lo cual fue expulsado de Francia y Argentina”. En una línea similar, también hablaba de él un agente de Policía llamado Rogelio Aparicio que le conocía de antes de la guerra y que comentaba lo siguiente: “Es un estafador profesional y un gran falsificador, conocido habitual de la Brigada de Investigación Criminal”.

Durante los años previos a la Guerra Civil, López de Letona estuvo preso en más de una ocasión en comisarías y cárceles de Madrid coincidiendo con gente de lo más variopinta y con signos políticos radicalmente opuestos a los suyos. Fue en 1930 cuando conoció en la cárcel Modelo a Antonio Verardini, ingeniero de profesión, que al igual que nuestro protagonista estaba preso por estafa. Verardini, que había sido cabo de la Legión, años más tarde terminaría convirtiéndose en un miembro destacado de la CNT y una de las personas de confianza del mismísimo Cipriano Mera. 
Antonio Verardini durante los primeros años
de la Guerra Civil

Todos estos datos nos ayudan a comprender un poco mejor quién era Alfonso López de Letona, un joven que en 1936 tenía 27 años y que procedía de una familia de clase alta con un importante pasado militar. Su padre, César López de Letona Lomela había sido Coronel de Caballería del Regimiento de los Usares de Pavía número 9 y dos de sus hermanos también habían seguido su tradición militar. Asimismo, tenía una hermana religiosa en la orden del Sagrado Corazón y otra, la que anteriormente mencionábamos, que estaba casada con el historiador Vicente Silió.

Pero volvamos de nuevo a la figura de López de Letona en los prolegómenos de la Guerra Civil Española. Como antes hemos dicho, tras dejar a Goicoechea en la frontera con Portugal, regresó hasta Madrid donde le sorprendió el alzamiento militar. Consciente de que su vida podía correr peligro por haber militado en Renovación Española, se escondió por recomendación de Goicoechea en el domicilio del Conde de Arcentales, situado en la calle Zurbano número 21, donde más adelante se establecería la Embajada de Turquía. Según la versión del propio López de Letona en su Consejo de Guerra, abandonó su refugio el 22 de agosto de 1936 al enterarse de que la cárcel Modelo había sido asaltada y que se había puesto en libertad a los presos comunes. Dijo que decidió salir a la calle pensando que por tener una ficha con antecedentes en la Dirección General de Seguridad , podría alegar su pasado carcelario en el caso de ser identificado por las patrullas de milicianos que por aquel entonces campaban a sus anchas en Madrid. 

Se marchó a vivir a casa de su hermana en el número 87 de la calle Lista, bajo izquierda, pensando que a partir de ahora estaría “mucho más tranquilo”. Según diría en su Consejo de Guerra, el día 6 de noviembre de 1936 su hermana recibió la visita de Antonio Verardini, solicitando a ésta, “ante la inminente entrada del Ejército Nacional en Madrid”, que le refugiara. Según esa declaración, a partir de ese momento ambos (Verardini y López de Letona) empezaron a trabar amistad. Desde nuestro punto de vista es una declaración bastante inverosímil. ¿Cómo es posible que se hicieran amigos por estas fechas si se conocían desde más de cinco años y se movían en ambientes similares del mundo de las estafas? Es más que probable que los dos ya fueran amigos antes de empezar la Guerra Civil y que López de Letona le invitara a refugiarse allí ante la inminente llegada de las tropas franquistas. 

La relación con Verardini durante la guerra

En cualquier caso, parece cierto que Verardini pretendía cubrirse las espaldas en casa de la familia López de Letona para cuando las tropas de Franco entraran en Madrid. Por aquel entonces, él era Comandante de las Milicias Confederales de la CNT y estaba muy bien relacionado con determinados ámbitos del Ministerio de la Guerra. Pasado el peligro y después de que los franquistas fueran frenados a las afueras de Madrid por la Junta de Defensa, Verardini se marchó de su refugio en la calle Lista prometiéndole a su amigo López de Letona que “cuidaría de él”. Y eso hizo. El 2 de diciembre de 1936, Verardini se presentó en el domicilio de Lista junto a un individuo llamado Manuel Penche para reiterarle su compromiso de “cuidarle” por la amistad que ambos tenían. Le invitó a que le acompañara al Ministerio de la Guerra para hablarle de algunos asuntos. 

López de Letona acompañó a su amigo hasta el Ministerio, accediendo ambos a un despacho en el que había un cartel que ponía 'Servicios Especiales'. Allí se encontraba un tipo enjuto, con gafas grandes que se llamaba Manuel Salgado Moreira, que por aquel entonces desempeñaba el cargo de Jefe de esa unidad del Ministerio de la Guerra. Tras el saludo protocolario, le dijo que a López de Letona que conocía su “ideología política, contraria al sistema republicano”, sin embargo le comentó que “había llegado la hora de rectificar los errores pasados y ayudar a la causa del pueblo”. Nuestro protagonista asistió y se comprometió a colaborar desde ese instante con los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra. 
Manuel Salgado Moreira
Ese mismo día, López de Letona le facilitó un volante en el que hacía constar que prestaba servicio en el Departamento de Servicios Especiales y ordenaba a las Milicias de Retaguardia que lo consideraran como un agente. Se puede decir que desde el instante en el que aceptó el volante de Salgado Moreira, nuestro personaje se cambió de bando y decidió traicionar a los que habían sido en el pasado sus compañeros de fatiga. 

A partir de ese día de otoño de 1936, López de Letona trabajó codo con codo con Verardini que era realmente el jefe en la sombra de los Servicios Especiales. Junto a ellos también trabajaban otros tipos llamados César Ordax Avecilla, Manuel Penche, Bernardino Alonso, Pedro Orobón y una mecanógrafa rubia llamada Manolita. 

Uno de los primeros servicios que realizó López de Letona ya como miembro de los Servicios Especiales fue practicar unas detenciones de unos jóvenes que se encontraban escondidos en una casa de la calle Pontejos. Se escondían porque simpatizaban con las derechas y no querían ir al frente tras ser llamada su quinta. Nuestro hombre alegó antes de ir a detenerles que no podría llevar a cabo los arrestos porque “no era policía” y no sabía como llevarlos a cabo. Finalmente terminó accediendo tras las presiones de Verardini que fue quien dirigió la operación. En la intervención, se detuvo a dos chicos de veinte años que estaban escondidos en un tercer piso y a otros tres que se encontraban en el sótano.  

La puesta en marcha de la embajada

Según la versión que relataría López de Letona tras la Guerra Civil, cierto día de diciembre Verardini le habló de la posibilidad de “montar una falsa embajada en Madrid” pues tenía noticias de que los refugiados en otras embajadas de la capital se encontraban armados y dispuestos a apoderarse de centros oficiales en cuanto Franco iniciara su ofensiva final. En ese instante, al protagonista de este artículo se le ocurrió establecer ese falsa embajada en el hotel del padre de su cuñado que estaba incautado por la CNT,  y se encontraba situado en el número 12 de la calle Juan Bravo. Esta idea le pareció magnífica a Verardini que le ordenó que se presentará en el citado edificio, vestido con uno mono y un gorro de guardia de asalto, para preparar lo que días más tarde se conoció como la 'Embajada de Siam'. 

Antes de empezar a recibir refugiados, el hotel fue preparado con medios técnicos para escuchar las grabaciones de las personas que allí se escondieran. En el comedor se instaló un micrófono que conectaba con una habitación del piso de arriba que estaba reservada para Verardini y López de Letona. El propio Verardini se haría llamar Gerard y se haría pasar por Secretario General de la Embajada de Siam'. Sus cargo subalterno dentro de la legación sería Manuel Penche, el chófer de la misma un tal Emilio y la cocinera una chica joven cuyo novio era un teniente asturiano de la CNT que formaba parte del grupo 'Los dinamiteros de Asturias'.

Sabemos que una veintena de personas, en su mayoría derechistas, se refugiaron en la falsa Embajada de Siam durante la primera quincena de diciembre de 1936 que fue cuando funcionó realmente. Valiéndose de sus relaciones con  personas de derechas a las que conocía de antes de la guerra, López de Letona hizo creer a varios conocidos (aristócratas y burgueses en su mayoría) que si se refugiaban en la Embajada de Siam estarían mucho “más seguros que en la calle”. Fue el caso del militar Pascual Fernández Aceytuno, que se encontraba preso en la cárcel de Ventas. Con la autorización de Salgado Moreira, López de Letona consiguió ponerle en libertad gracias a un aval del Ministerio de la Guerra y le llevó junto a su familia a la Embajada de Siam en un coche del ministerio. López de Letona también trasladó en su coche a otros dos conocidos Fernando Guillis y José María Reus Ruiz de Velasco.

Al parecer, el 8 de diciembre 1936 el General Miaja, presidente de la Junta de Defensa de Madrid por aquel entonces, tuvo noticias de que los Servicios Especiales habían puesto en marcha la operación 'Embajada de Siam' sin su consentimiento. Para el archifamoso general esta estratagema de la CNT le parecía algo “terrorífico” y dio la orden inmediata de cerrar en hotel de la calle Juan Bravo. Salgado Moreira, reunió a Verardini y López de Letona para comunicarles que Miaja estaba al corriente del plan y que ambos tendrían que dirigir el asalto a la falsa embajada para acabar con el plan establecido. 
Palacio del Duque de Tamames, donde fueron trasladados los
refugiados de la Embajada de Siam

Sobre las 21.00 del 8 de diciembre, dos camiones llenos de milicianos anarquistas aparcaron justo a la Embajada de Siam, accediendo posteriormente a la falsa embajada. Los más de veinte refugiados y sus familias fueron detenidos de una manera inmediata y trasladados a un centro de detención de la CNT situado en el Palacio del Duque de Tamames. Al frente de esta especie de checa anarquista se encontraba un individuo que se hacía llamar Comandante Tárregas. Según López de Letona, escuchó una conversación entre Tárregas y el dirigente anarquista Eduardo Val en la que decía que a las 24.00 del 08 de diciembre ya habían sido “paseados” varios de los refugiados en la Embajada de Siam. 

Desconocemos si fueron asesinados todos los refugiados, sin embargo sí que podemos dar los nombres de los que sí aparecieron cosidos a balazos en un descampado de Fuencarral dos días después del asalto a la Embajada de Siam: José María Reus Ruiz de Velasco, Abdon López Turrión, Fernando Guillis Merceded, Manuel Laguna Alfonso, Francisco Barnuevo Sandoval y Enrique Larroque Echeverría. Según reconoció López de Letona, un grupo anarquista llamado 'Campo Libre' fue el encargado de realizar ejecuciones tras las órdenes que daba directamente el Centro de la CNT del Palacio del Duque de Tamames.

Después la Guerra Civil, López de Letona trató de responsabilizar de los crímenes cometidos en la Embajada de Siam a un infiltrado que tenían los Servicios Especiales entre la gente de derechas. Se trataba de José González y antes de la Guerra Civil también había formado parte de Renovación Española.

Su marcha al frente de batalla

La historia de López de Letona como agente de la inteligencia republicana fue más bien corta. A finales de 1936 le pidió a Verardini abandonar la retaguardia para incorporarse inmediatamente al frente de batalla. Fue destinado con la graduación de Capitán de Estado Mayor de la CNT al Cuartel General de Klever que estaba situado en el Palacio de El Pardo ¿Qué motivos tenía para querer abandonar su plácida vida en Madrid? Barajamos dos opciones. O bien quería aproximarse lo máximo posible al frente para desertar o bien la CNT quería infiltrarlo en una unidad de vanguardia para informar a los Servicios Especiales de los pasos de los comunistas, enemigos de los anarquistas pese a luchar en el mismo bando. 

Después de prestar servicios de carácter militar en El Pardo, el 2 de enero de 1937 fue incorporado al Estado Mayor de Nino Nanetti, el mítico comandante comunista que moriría unos meses más tarde en Santander. Junto al italiano estuvo apenas cinco días, participando de una manera muy activa en la Tercera Batalla de la Carretera de la Coruña. Sin embargo sus circunstancias cambiaron por completo el 7 de enero de ese año. 
Nino Nanetti, pocos meses antes de morir

Aquel fatídico día López de Letona fue detenido en pleno frente de batalla por la Brigada Especial, acusado de espionaje. Al parecer un soldado de la Brigada de Nanetti que trabajaba como barbero, conocía a López de Letona de antes de la guerra y sabía que simpatizaba con los derechistas. Tras la denuncia de este soldado, el protagonista de nuestra historia fue detenido y trasladado desde el frente de batalla hasta la capital por dos pesos pesados de la seguridad republicana: el comisario jefe Fernando Valenti, responsable de la Brigada Especial y el mismísimo Teodoro Illera Martín, comisario de Policía de Madrid. La inocente acusación del barbero de su unidad, se convertiría más adelante en todo un complot contra López de Letona al que varios dirigentes comunistas acusaban de “organizar desde el frente de la Sierra expediciones de evadidos a zona nacional y de falsificar documentos para la CNT”. 

López de Letona trató de explicar a sus captores que no era ni mucho menos un espía de los nacionales sino que en realidad estaba trabajando como agente a favor de la República. De hecho alegó en su favor los servicios que había prestado para los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra y su papel para desenmascarar a derechistas en la falsa Embajada de Siam. Pese a todo estuvo unos días en los calabozos del 'Batallón Octubre' y más adelante pasó a una celda de la Dirección General de Seguridad. Una vez allí, pidió de manera espontánea una máquina de escribir para hacer confidencias. Según explicó José Cazorla en 1940 ante la Causa General, López de Letona hizo una “amplia declaración explicando sus servicios como confidente en una embajada y la creación junto con Verardini de la falsa embajada de Siam”. Sería trasladado ya en febrero de 1937 a la cárcel de San Antón, afiliándose días antes de su ingreso al PCE por “presiones” del propio Cazorla, que desempeñaba el cargo de consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid.

Al parecer, una vez dentro de la prisión, López de Letona se ofreció a sus guardianes para ser confidente e informar a las autoridades del comportamiento del resto de internos. Inicialmente la República no le dio demasiada importancia al ofrecimiento de nuestro hombre, sin embargo, a los pocos días se pasaron por la cárcel el comisario Fernando Valenti y un ciudadano portugués apellidado Ibeas. Ambos le ofrecieron un escrito para que lo firmara, ofreciéndole, a cambio de su libertad, que denunciara como “fascistas” a Antonio Verardini, Manuel Salgado Moreira y César Ordax Avecilla, curiosamente los tres fueron los encargados de impulsar la falsa embajada de Siam.

López de Letona firmó inicialmente el documento, aunque luego se retractaría ante el juez militar Erol alegando que había sufrido coacciones durante su detención. De hecho, escribió la siguiente carta a Verardini explicando el documento que le habían obligado a firmar: 

“Querido Antonio: Hoy hago 70 días de detención, me han traído para firmar unas declaraciones que no se parecen en nada a las que presté y en las que aparecen los siguientes cargos. Que tu combinación con Bonilla pensabais instalar nuevas embajadas y sacar dinero. Que or la de Siam habías sacado a los allí refugiados unas cuatro mil y pico pesetas. Y que cuando esta ceró, los huéspedes habían sido fusilados por la CNT que los sacó en una camioneta. Hablan de que pertenecía a los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra a las órdenes de un tal Salgado y un tal Pedro Labón. He sido forzado a firmar todo esto y me apresuro en tu conocimiento por si fuera una maniobra del Partido Comunista (Cazorla) contra la Confederación (CNT). Un fuerte abrazo de tu compañero Alfonso”. 

Esta denuncia y posterior rectificación desencadenó una guerra sin precedentes en la prensa entre los periódicos que apoyaban a la CNT y aquellos que simpatizaban con el PCE. A nuestro hombre se le instruyó un sumario “por alta traición y espionaje”, cuyo instructor fue el juez Mariano Luján, magistrado que en algunos casos ayudó a algunos miembros de la Quinta Columna de Madrid.  El juicio contra él fue seguido con intensidad por los medios de comunicación republicanos que pronto empezaron a especular sobre si López de Letona trabajaba realmente como agente de inteligencia de los anarquistas. Las presiones fueron tan grandes que el propio Salgado Moreira (jefe de los Servicios Especiales) desmintió en algunos periódicos que López de Letona trabajara como agente infiltrado de los anarquistas.
Abril de 1937, Diario de Almería

Alfonso López de Letona fue condenado a muerte por el tribunal republicano que le juzgó pero su pena finalmente le fue conmutada. Desconocemos hasta qué punto facilitó información de otros reclusos a la Brigada Especial, tan solo sabemos que siguió en prisión más de dos años, hasta marzo de 1939. Cuando se produjeron los enfrentamientos entre casadistas y comunistas en el tramo final de la guerra, nuestro protagonista fue puesto en libertad e hizo vida normal hasta que los nacionales entraron en Madrid. 

Los días 11 y 12 de abril de1939 los principales periódicos de Madrid, ya controlados por Franco, publicaron una amplia lista de los presos que se encontraban en las cárceles madrileñas cuando las tropas nacionales entraron y que habían conseguido la libertad. Uno de los nombres que aparecía en esas listas (pese a haber sido liberado con anterioridad) era López de Letona. El padre José María Reus, uno de los asesinados en la Embajada de Siam, leyó en el ABC el día 12 el nombre de Alfonso e inmediatamente acudió a la Comisaría de Chamberí de Madrid para denunciarle como posible “asesino” de su hijo. Este padre explicó con todo lujo de detalles como López de Letona había atraído a su hijo hasta la falsa 'Embajada de Siam' después de haber simulado haber hecho las gestiones para ponerle en libertad. También relató como a cambio de las gestiones se había embolsado 2.500 pesetas y requisado el vehículo familiar que se encontraba en un garaje del Centro de Madrid. 

La policía franquista tras sus pasos

A partir de ese instante el SIPM (Servicio de Información y Policía Militar) empezó a investigar el comportamiento de López de Letona durante la Guerra Civil. Para ello, los agentes que llevaban el caso interrogaron a los familiares de las otras víctimas que habían muerto asesinadas en la falsa 'Embajada de Siam'. Todas coincidían en lo mismo: Alfonso les había engañado (a algunos a cambio de dinero) y atraídos hasta una falsa embajada en Madrid de donde desaparecieron sin dejar rastro. Los policías franquistas intentaron dar con él pero no le localizaron hasta bien entrado el mes de mayo cuando fue arrestado en Salamanca por agentes del SIPM.  

Sabemos que el 15 de mayo estaba en la cárcel de Salamanca a la espera de pasar a disposición judicial. Un mes más tarde, el 15 de junio, un juzgado milittar reclamaba su presencia en la capital donde se iba a celebrar su Consejo de Guerra. El 17 de junio de 1939 cuatro Guardias Civiles le trasladaron en tren a Madrid, quedando recluido en la cárcel Porlier y más adelante en la prisión del Cisne. 

El Consejo de Guerra contra él dictó finalmente pena de muerte. Su fusilamiento fue llevado a cabo tres años después de que terminara la contienda. Se produjo un 27 de enero de 1943 en el Cementerio Este de Madrid. 
Fuentes consultadas

- Archivo Histórico Nacional (Causa General)
- Archivo Militar Paseo de Moret (Consejo de Guerra López de Letona y José Cazorla)
- Hemeroteca Nacional
- Biblioteca Prensa Histórica
- 'El terror rojo', Julius Ruiz
- 'La ciudad clandestina', Javier Cervera

viernes, 1 de septiembre de 2017

Secuestro y asesinato en la Posición Jaca en marzo de 1939

Imagen actual del bunker de la 'Posición Jaca'
Para los más altos oficiales del Ejército del Centro la 'Posición Jaca' era un lugar infranqueable. Excavado a  una profundidad superior a los 15 metros, el Cuartel General del Ejército del Centro era uno de los puntos más seguros de Madrid desde el verano de 1937, fecha en la que los jefes militares republicanos abandonaron los sótanos del Ministerio de Hacienda para instalarse en este magnífico refugio, ubicado en el emblemático Parque del Capricho de Madrid. 

A primeros de marzo de 1939, durante los durísimos enfrentamientos entre los propios republicanos, la 'Posición Jaca' tuvo un protagonismo inconmensurable por dos motivos: su estratégica situación (junto a la carretera de Barajas y a la de Barcelona) y por los importantes mandos militares que se encontraban. Hoy en www.guerraenmadrid.com vamos a analizar lo que sucedió allí entre el 6 y el 11 de marzo. 

A buen seguro que nuestros lectores conocen cómo transcurrió la conspiración del Coronel Casado para poner fin a la Guerra Civil, aislando por un lado al presidente Negrín y por el otro al Partido Comunista. Tras constituirse el Consejo Nacional de Defensa y después de una brillante alocución por radio del propio Casado y de Julián Besteiro (ambos hablaban de poner fin a la guerra cuanto antes), empezó una pequeña guerra civil dentro del bando republicano. ¿Los implicados? Por un lado los simpatizantes de Casado y por el otro las unidades comunistas que se oponían al Consejo Nacional de Defensa y que pretendían proseguir la contienda contra los nacionales.

En Madrid los combates arrancarían durante la mañana del 6 de marzo y tuvieron especial crudeza en las zonas de Nuevos Ministerios, Manuel Becerra y Chamartín. Desde un primer momento la 'Posición Jaca' se mantuvo leal al Coronel Casado y todos los mandos del Ejército del Centro que allí se encontraban apoyaron la conspiración. Sin embargo, desde un primer momento, Casado y sus ayudantes más próximos fueron conscientes de lo difícil que sería defender la 'Posición Jaca' por su estratégica situación: la 300 División de Guerrilleros (comunistas en su mayoría) mandada por el Mayor Santiago Calvo avanzaba a toda velocidad hacia el Capricho después de haber conquistado sin problemas Torrejón de Ardoz donde se unieron a los sublevados la 5º Brigada de Carabineros. De hecho, los escuchas franquistas del SIPM interceptaron a las 11.00 de la mañana de este 6 de marzo un mensaje enviado desde Alcalá de Henares por el propio Calvo a su superior, Domingo Hungría que se encontraba en Benimamet diciendo: “Sublevado el Estado Mayor del Ejército del Centro y constituida una junta facciosa, vamos a luchar contra ella de acuerdo con el Partido. Denme instrucciones”. 

Una posición muy estratégica

No hay que olvidarse tampoco de que la 'Posición Jaca'  se encontraba muy próxima a 'Villa Eloisa', el Cuartel General del Partido Comunista en Madrid y el escenario donde se estaba gestando el contragolpe a Casado. De manera clandestina, miembros del PCE se habían aproximado a la 'Posición Jaca' y habían comprobado que sus sistemas de defensa y protección no habían aumentado demasiado desde el inicio de los combates. Por este motivo, la 'Posición Jaca' se había convertido en uno de los objetivos más ansiados .
1º Vernardini, ayundante de Mera 2º Cipriano Mera
3º Segismundo Casado

Consciente de que la 'Posición Jaca' podía perderse, Casado envió el mismo 6 de marzo hasta allí a Cipriano Mera para comprobar de primera mano las defensas y con la intención de levantar el ánimo del Coronel Joaquín Otero Ferrer (Jefe de Información del Ejército del Centro) que se encontraba al mando de la posición. Mera y su asistente Antonio Vernardini llegaron al Capricho pasadas las 18.00h y comprobaron que el ambiente entre los oficiales era de desolación. Según relató Mera en sus memorias, el Coronel Otero le comentó nada más llegar que “había mantenido una conversación telefónica con las fuerzas guerrilleras” que se aproximaban cada vez más a la 'Posición Jaca'. Según Otero estas fuerzas guerrilleras le dijeron que no querían enfrentarse a las fuerzas del Consejo Nacional de Defensa y que tenían intereses de “parlamentar con el Coronel Casado y como éste exigiera que primero depusieran las armas, los mandos de los guerrilleros (el Mayor Calvo fundamentalmente) pidieron un plazo de dos horas para dar una respuesta, plazo que les fue concedido”. 

Pese a no ser militar profesional, Cipriano Mera tenía una gran intuición combativa y desde un primer momento alertó al Coronel Otero de que el propósito de los guerrilleros era “ganar tiempo para poder ocupar” la 'Posición Jaca'. Por este motivo el líder anarquista telefoneó al IV Cuerpo del Ejército (del que era principal jefe) que se encontraba en Alcalá de Henares y que por orden de Casado se había detenido tras aceptar la tregua de los guerrilleros. 

Pasaron las dos horas de tregua y los nervios en la 'Posición Jaca' crecían por momentos. No había noticias ni de Casado ni de los Guerrilleros Comunistas, por lo que el Coronel Otero empezaba a desesperarse. Otero Ferrer era un veterano oficial de Ingenieros que durante la Guerra Civil se había curtido luchando en Ciudad Universitaria y en la Batalla del Jarama donde  estuvo en el Estado Mayor de la famosa 'Agrupación Morata'. También participó en la preparación de la ofensiva republicana en Brunete y en otras operaciones de menor calado en la Casa de Campo. 

Una reunión in extremis

A las 21.00h las comunicaciones telefónicas de la 'Posición Jaca' habían dejado de funcionar. Posiblemente una incursión guerrillera en el Parque del Capricho había cortado las comunicaciones con el exterior, por lo que el asalto podía ser inminente. Según Mera a las 04.00h de la madrugada del 7 de marzo tuvo lugar una reunión en el interior del bunker en la que participaron, además de él y de su ayudante Verardini, los Coroneles Otero, José Pérez Gazzolo (segundo jefe del EM del Ejército del Centro) y Arnoldo Fernández Urbano (jefe de Organización del Ejército del Centro), el Teniente Coronel Villal, el capitán Artemio García y dos tenientes apellidados Dalda y Corella. En esa reunión se comunicó que casi todos los miembros del batallón de Carabineros de la 5º Brigada que se ocupaban de la defensa de la parte noroeste de la 'Posición Jaca' se habían pasado a los comunistas: les habían convencido los carabineros que se unieron a los Guerrilleros en Torrejón.

De esta manera, los únicos defensores del Cuartel General del Ejército del Centro eran  dos batallones de la 70 Brigada Mixta y una treintena de jefes y oficiales que se encontraban en el interior del búnker de El Capricho. Según el relato de Mera, el Coronel Otero le ordenó que acudiera a los exteriores de la posición y comprobara de primera mano si el enemigo se encontraba en las inmediaciones. Acompañado por su ayudante Verardini, por el Teniente Coronel Villal y el Teniente Corella, el líder anarquista comprobó con sus propios ojos que la 'Posición Jaca'  estaba en serio peligro puesto que los Guerrilleros y una unidad de tanques ya estaban tomando posiciones en los exteriores. Villal y Corella regresaron al búnker a dar cuenta a sus compañeros de lo que estaba pasando y con la advertencia de Mera de que era necesario “evacuar el puesto de mando inmediatamente”. 

Según Mera pasaron “unos minutos preciosos” y nadie evacuó la 'Posición Jaca', por lo que “me fui yo mismo al puesto de mando y les dije a los presentes: vengan conmigo, aquí ya no hay nada que hacer.  Dentro de cinco minutos los comunistas se habrán apoderado de las oficinas – Sí – me contestan – ahora vamos”. Tras permanecer unos instantes a la espera, Mera abandonó la 'Posición Jaca' junto Verardini, el capitán Artemio García y los tenientes Dalta y Corella. Los cinco se fueron del Parque de El Capricho a tiro limpio, resultando Corella herido en un brazo, hasta llegar a la zona de Canillejas donde tras engañar a una unidad Comunista, consiguieron contactar con el Coronel Casado.

Tres coroneles prisioneros

Sobre lo acontecido en el interior de la 'Posición Jaca' y los oficiales del Ejército del Centro tras la marcha de Cipriano Mera hay muchas dudas y también algunas especulaciones. Sabemos que la decisión final de asaltar la 'Posición Jaca' por parte de la columna Guerrillera corrió a cargo del Mayor Calvo con el beneplácito del Coronel Luis Barceló Jover. También sabemos mediante los testimonios de algunos guerrilleros (luego serían importantes maquis) que participaron en el asalto que los combates en el interior de la posición fueron encarnizados. Sin embargo, a primera hora de la mañana del 7 de marzo, la 'Posición Jaca' cayó en poder de los comunistas y la mayoría de oficiales que quedaban en su interior fueron arrestados allí mismo y a punta de pistola fueron sometidos a interrogatorio. Entre esos oficiales estaban los tres Coroneles al mando de la posición: Joaquín Otero Ferrer, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano. En el interior del búnker se produjeron algunos tiroteos con bajas por parte de los casadistas como explicaremos más adelante.
El Coronel Luis Barceló

La gran duda que nos surge en estos momentos es: ¿por qué estos tres Coroneles no escaparon al mismo tiempo que Cipriano Mera y su ayudante de la 'Posición Jaca'? ¿Esperaban un trato de favor por parte de los Comunistas? ¿Se habían planteado su lealtad al Coronel Casado? Por desgracia no podemos responder a estas preguntas de una manera objetiva. 

Pero sigamos con el desarrollo de los hechos en el interior de la 'Posición Jaca' después de que los Comunistas se hicieran con el control del puesto de mando. Sobre las 17.00 del 7 de marzo el Coronel Barceló hizo su aparición en la posición e interrogó personalmente a los detenidos. En su Consejo de Guerra, Barceló reconoció que tras llegar a la posición había  visto un charco de sangre en el suelo del búnker pidiendo explicaciones a sus colaboradores más estrechos. Estos le dijeron que se habría “producido una baja” como consecuencia de un “bombardeo”, algo poco probable en un refugio subterráneo. 

Los prisioneros en El Pardo

En cualquier caso, Barceló ordenó trasladar a los detenidos en la 'Posición Jaca' hasta el Palacio de El Pardo donde el comunista Guillermo Ascanio había  establecido su cuartel general. Los tres coroneles (Otero, Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández) coincidieron en su cautiverio en el palacio con el Teniente Coronel del bando franquista, Lloro Regales que por un “ataque de locura” había desertado ese mismo 7 de marzo y se había pasado al bando republicano. 

Según cuenta el periodista anarquista García Pradas, que también estuvo detenido en el Palacio de El Pardo, los tres coroneles fueron asesinados junto con el comisario político del PSOE Ángel Peinado Leal. El testimonio de García Pradas se puede leer en su libro 'La traición de Stalin': 

“Unas horas antes de llegar nosotros fueron sacados los tres, eran tres viejos de noble condición, leales del antifascismo durante la guerra, no afiliados a ningún sector político. Y desvalidos por consiguiente ante sus verdugos. Los metieron en un coche y se los llevaron junto al comisario socialista Peinado Leal a quien tal vez confundieron con otro prisionero. Los cuatro desgraciados, figuras sin importancia de la contienda, fueron abatidos por la misma ráfaga de ametralladora después de cavar su propia tumba”.

Desde nuestro punto de vista García Pradas especula sobre la muerte de los tres militares y Peinado Leal. ¿Cómo es posible que supiera que los “cuatro desgraciados” habían cavado su propia tumba y asesinados por ráfaga de ametralladoras? Cuando él llegó al Palacio de El Pardo, los otros cuatro detenidos ya habían sido sacados de sus celdas y trasladados en coche a un punto indeterminado. 

En cualquier caso, los combates en Madrid entre casadistas y comunistas terminaron a mediados de marzo. Todo el mundo sabía que los tres principales jefes de la 'Posición Jaca' habían desaparecido de su cautiverio de El Pardo y como era lógico se esperaba que hubieran sido asesinados. Sin embargo, en un artículo publicado en ABC el 14 de marzo se decía que los tres coroneles, junto a otros presos en Palacio, habían sido puestos en libertad por los comunistas horas antes de que las tropas de Casado tomaran El Pardo. Nada más lejos de la realidad. 

Aparecen los cadáveres

La confirmación oficial de que los máximos responsables de la 'Posición Jaca' habían sido asesinados por los comunistas se produjo el 23 de marzo (5 días antes de que los nacionales llegaran a Madrid). Tras interrogar a varios soldados centinelas de El Pardo, el Consejo Nacional de Defensa pudo averiguar que los tres militares y Ángel Peinado Leal habían sido ejecutados a las afueras de El Pardo y enterrados en una fosa común. A las 09.00 del 23 se abrió la fosa (ubicada en una zona boscosa) y se confirmó que los cadáveres que allí se encontraban con varios impactos eran los de Joaquín Otero Gómez, José Pérez Gazzolo y Arnoldo Fernández Urbano. 
Periódico La Libertad, 24 de marzo

El 24 de marzo, en plenas conversaciones entre Casado y los emisarios franquistas para poner fin a la Guerra Civil, el diario ABC publicaba la noticia del hallazgo de los cuerpos de los tres militares y del comisario Peinado. El propio García Prada leyó un breve poema en Unión Radio en recuerdo a los asesinados recordando su heroísmo y su patriotismo hasta el final de su vida. 

Esa misma tarde del 24 de marzo se celebró el entierro que tuvo una gran transcendencia pública. De hecho fue el último gran acto republicano que se celebró en Madrid antes de que entraran las tropas franquistas. La capilla ardiente (o cámara mortuoria) se instaló en el edificio de la Secretaría de Defensa de Madrid. Según cuenta la prensa de la época los cuatro cadáveres estaban dispuestos en “féretros sencillos, cubiertos por ramos y coronas y los colores de la bandera republicana adornaban el fondo del local. Los féretros iban envueltos en la bandera nacional republicana y fueron sacados a hombros por los compañeros de los fallecidos y colocados en lujosos coches estufa atestados de coronas”. 

Según cuentan la prensa, se formó una comitiva militar que trasladó los cadáveres hasta el cementerio este. A la cabeza de la comitiva iba el General Miaja y detrás el resto de miembros del Consejo Nacional de Defensa. Les seguían el gobernador de Madrid, el alcalde, el director de Seguridad, la ejecutiva del PSOE y todos los jefes militares del Ejército del Centro. También participaron en la comitiva el resto de organizaciones políticas y sindicales que integraban el Frente Popular. “Una columna de honor desfiló ante los cadáveres, integrada por representaciones de las diversas brigadas del Ejército Republicano comandadas por el General Martínez Cabrera. Al pasar ante ellas los cadáveres, las bandas de tambores y cornetas les rindieron honores en medio de un silencio impresionante, a pesar del gentío inmenso que presenció el cortejo desde los balcones y ventanas”.

Conclusiones

Se ha escrito muy poco sobre estos asesinatos, posiblemente porque los datos que se disponen son muy pocos. ¿Fue un crimen ordenado directamente por la cúpula  militar del Partido Comunista o fue un crimen aislado que pretendía silenciar los desmanes cometidos por los Guerrilleros en el asalto a la 'Posición Jaca'? Por desgracia no tenemos capacidad para responder a estas preguntas de una manera objetiva. Solo sabemos que el Consejo Nacional de Defensa quiso dar un castigo ejemplar por estos asesinatos a uno de los cabecillas del contragolpe comunista, el Coronel Barceló. Tras un Consejo de Guerra, el Coronel fue condenado a muerte y fusilado en el Cementerio Este de Madrid el 18 de marzo de 1939 a las 15.15. Agentes del SIM fueron los encargados de custodiar y trasladar a Barceló hasta el Cementerio. El piquete de fusilamiento lo formaban miembros de los batallones 1º y 2º de retaguardia que estaban mandados por el capitán Enrique Roldán Remonte. Sin embargo el oficial que estuvo al frente de la ejecución fue un joven teniente, natural de San Lorenzo de El Escorial llamado Eloy Martín Herranz que tras la guerra fue hecho preso por los franquistas y estuvo varios años encerrado en el Fuerte de San Cristóbal. Un capitán médico llamado Eloy Martín Herranz (fallecido en 1993) emitió el certificado de defunción del Coronel Barceló en el mismo cementerio.

¿Quiénes eran realmente los asesinados por los Comunistas?

El Coronel Pérez Gazzolo tenía 47 años cuando fue fusilado en El Pardo. Al estallar la guerra era Comandante de Infantería. Tuvo un papel destacado ya desde los inicios de la contienda y en agosto de 1936 acompañó a Miaja en su intento de ocupar Córdoba. En octubre de este año ascendió a Teniente Coronel y figuraba como uno de los ayudantes más cercanos a Miaja. El 18 de diciembre fue nombrado Jefe del EM del Ejército del Sur y participó en la evacuación de la población civil de Málaga. También fue uno de los encargados de dirigir las operaciones militares del asalto al Santuario de Santa María de la Cabeza con la XVI Brigada Mixta y el diputado comunista Pedro Martínez Cartón. Por aquellos días hizo amistad con el poeta Miguel Hernández que estuvo presenciando el asalto. 
Certificado de la muerte de Luis Barceló, enterrado en
el Cementerio Este de Madrid

El 30 de mayo de 1937 fue trasladado como segundo jefe al Estado Mayor del Ejército del Centro.  Fue el encargado de dirigir el traslado del Ejército del Centro del Ministerio de Hacienda a la 'Posición Jaca. A principios de marzo de 1939 fue ascendido a Coronel, ascenso que fue publicado en la gaceta del Ministerio de la Guerra. Su viuda se llamaba Carmen de Sostoa Erostarbe y en la década de los 80 empezó a cobrar la pensión por los trienios cosechados por su marido en su época militar.

Arnoldo Fernández Urbano murió a los 56 años. Al inicio de la guerra era Comandante de Infantería, diplomado del Estado Mayor. Largo Caballero, en el mes de septiembre de 1936, lo incluyó entre los miembros del EM del Ministerio de la Guerra, ascendiendo a Teniente Coronel. Fue muy próximo a Vicente Rojo y contribuyó a la Defensa de Madrid. Ascendió a Coronel en marzo de 1939. 

Joaquín Otero Ferrer. Como antes hemos dicho, al empezar el golpe de Casado él era el máximo responsable de la 'Posición Jaca'. Se había curtido durante toda la Guerra Civil luchando en Ciudad Universitaria y el Jarama. También preparó la ofensiva de la Batalla de Brunete.

Fuentes consultadas

'1939. Agonía y victoria'. Ricardo de la Cierva
'La traición de Stalin'. García Pradas
Cipriano Mera, memorias de un anarcosindicalista
'Así cayó Madrid'. Segismundo Casado.
'Así terminó la Guerra de España', Ángel Bahamonde
Biblioteca Virtual de la Defensa
Hemeroteca Nacional (periódico La Libertad)
Hemeroteca ABC
Archivo Histórico Nacional (Causa General): Consejo de Guerra Luis Barceló Jover


miércoles, 12 de julio de 2017

El ayudante que traicionó al General Miaja en el invierno de 1937

Miaja y su ayudante a finales de verano de 1936
Luis Fernández-Castañeda era uno de los pocos militares de carrera de los que todavía se fiaba el General Miaja en enero de 1937. Desde que se constituyó la Junta de Defensa de Madrid, con la huida a Valencia del Gobierno de la República y la inminente llegada de los franquistas, pocos eran los oficiales profesionales que se mostraban leales al militar asturiano. Sin embargo el Capitán Fernández-Castañeda, pese a simpatizar con los sublevados desde el inicio de la Guerra Civil, sentía cierto afecto por Miaja que le había protegido en más de una ocasión cuando milicianos de la FAI habían tratado de detenerle. 

Nacido el 17 de enero de 1898, Fernández-Castañeda había ingresado en la Academia General de Infantería en 1912, con apenas 14 años.  En 1916 ya figuraba como teniente segundo, en el regimiento Tetuán 45, pasando a partir de ese momento por un sinfín de regimientos con los que combatió en las campañas militares de Marruecos. Al estallar la Guerra Civil, Fernández-Castañeda ya era capitán de Estado Mayor (tenía 38 años) que compaginaba su vida militar con la docencia: impartía clases en la Academia Martos de Madrid, situada en el número 9 de la calle de la Cruz, en la que preparaba a aspirantes a funcionarios de la Dirección General de Seguridad. 

Lo cierto es que nuestro protagonista, aún teniendo ideales conservadores y compartiendo cierta simpatía hacía los sublevados, tenía buena fama entre militares izquierdistas de carrera. De hecho, en 1934 participó, durante un Consejo de Guerra, en la defensa de seis suboficiales que estaban acusados de sedición por haber formado parte de la UMA (Unión de Militares Antifascistas). 

Con todo, al estallar la Guerra Civil fue perseguido por varios grupos anarquistas que pretendían detenerle por "desafecto" al régimen republicano. Miaja, que había coincidido con él en destinos anteriores, consiguió ponerle a salvo y situarle en su entorno más cercano. De hecho, cuando se constituyó la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el propio Miaja,  le nombró tercer máximo responsable militar de la Junta solo superado por el militar asturiano y por el Teniente Coronel, José Pérez Mártínez su ayudante más próximo. Este cargo, como número tres de la Junta, aparece publicado en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra con fecha 15 de enero de 1937: figura como 'Secretario General de la Junta de Defensa' de Madrid.

Ayuda a la diplomacia argentina 

Sabemos que por estas fechas, Luis Fernández-Castañeda se puso en contacto con el máximo responsable de la Embajada de Argentina en Madrid, Edgardo Pérez Quesada al que le pidió que le ayudara. Le comunicó que  "su espíritu y honor de militar" no le permitían seguir más tiempo en zona republicana y por este motivo le pidió que "por favor" le ayudara a pasarse a zona nacional. Aunque nuestro protagonista empezaba a tener cierto caché dentro del Ejército Republicano y muchos ya le consideraban un héroe en la defensa de Madrid por estar al lado de Miaja, él sentía la necesidad de pasarse a la otra zona, porque se identificaba mucho más con los ideales nacionales. 
Pérez Quesada, diplomático argentino

Pérez Quesada se comprometió a guardar con sumo secreto el ruego de Fernández-Castañeda y le recomendó que siguiera haciendo su vida normal junto a Miaja hasta que pudiera encontrar la manera de sacarle de España. Y eso fue lo que haría unas semanas más tarde. Mientras tanto,  el 05 de febrero de 1937, pocos días después de aquella conversación con el diplomático argentino, el Diario oficial del Ministerio de la Guerra anunciaba que el capitán Fernández-Castañeda había sido ascendido a Comandante. 

Mientras Pérez Quesada pensaba la mejor manera de evacuar de Madrid a uno de los ayudantes del archifamoso Miaja, el diplomático argentino recibió un encargo de lo más extraño procedente de París. Al parecer, el embajador de Argentina en París (doctor Lebreton) le había ordenado  que tratara de organizar lo antes posible la fuga de la España republicana de uno de los fundadores de Falange, Ramón Serrano Suñer que estaba preso en Madrid. El prestigioso médico Gregorio Marañón había pedido encarecidamente al embajador argentino en Francia que intercediera para evacuar al cuñado de Franco. 

A principios de febrero de 1937 Pérez Quesada mantuvo una reunión secreta con Fernández Castañeda al que ofreció un trato. Se comprometió a sacarle de la España republicana en un barco de la marina argentina a cambio de que él también ayudara a escapar a dos personas perseguidas:  Serrano Suñer y un capitán de Artillería llamado Eusebio Álvarez Miranda (34 años), marido de Matilde Álvarez, hija de Melquiades Álvarez, asesinado en la cárcel Modelo el 22 de agosto de 1936. 

El plan de fuga

Entre el ayudante de Miaja y Pérez Quesada trazaron el plan de fuga. Fernández-Castañeda tendría que convencer a su jefe (Miaja) de que iba a hacer un viaje oficial en un vehículo del Ministerio de la Guerra desde Madrid y hasta Valencia para reunirse supuestamente con el Capitán General de esta ciudad al que le entregaría unos documentos. Sin demasiados problemas, Miaja le permitió hacer el viaje aunque le sugirió que se llevara a un suboficial como guardaespaldas porque los controles de los milicianos de la CNT-FAI eran "más peligrosos que el enemigo". Fernández-Castañeda le hizo ver que no era necesario llevar escolta y se comprometió a telefonearle nada más llegar a Valencia. 
Fernández Castañeda en 1957 / ABC

Pérez Quesada, en colaboración con diplomáticos holandeses, habían conseguido rescatar de un hospital penitenciario a Serrano Suñer (disfrazándose éste de mujer) y trasladarlo hasta una vivienda segura, perteneciente a la embajada argentina. Una vez allí, fue informado del plan de fuga que empezaría a las 17.00 del día siguiente (estamos hablando del día 8 o 9 de febrero de 1937).

El día siguiente Serrano Suñer fue trasladado a un coche de la embajada argentina hasta el número 57 de la calle Núñez de Balboa, una casa que servía de refugio para las expediciones de refugiados que solía organizar Pérez Quesada. Después sería trasladado en un coche conducido por José María Jardón (responsable civil de la embajada de Argentina) hasta la vivienda de un ginecólogo apellidado Hervías que estaba enrolado en un batallón de dinamiteros pero que en realidad trabajaba para la Falange Clandestina. Allí Serraño Suñer se encontró con el capitán Álvarez Miranda. Ambos estuvieron en esta vivienda varias horas hasta que a las 06.00 de la mañana, tal y como habían acordado con los diplomáticos argentinos, salieron de la misma.

En las inmediaciones de la calle Serrano les estaba esperando un vehículo oficial del Ministerio de la Guerra con dos banderines en la parte delantera con sendas banderas republicanas. El conductor era el ya Comandante Luis Fernández-Castañeda que les saludó con un escueto "buenos días camaradas". Aquel coche tenía que trasladarles desde Madrid hasta Alicante, pero el trayecto no sería ni mucho menos sencillo.

Aunque Fernández-Castañeda se había provisto de los salvoconductos oportunos para trasladarse desde la capital hasta Alicante, el verdadero problema eran las identidades de sus dos compañeros de viaje. El militar había tenido que conseguir en el mercado negro, jugándose el tipo, dos identidades falsas que correspondían a dos militantes de la CNT que habían muerto en Ciudad Universitaria. El oficial había tenido que pagar un precio desproporcionado a un anarquista "desencantado" que había vendido los carnets de sus compañeros fallecidos en combate. 

Un viaje accidentado a Alicante

El trayecto a Valencia fue de lo más intenso. A poco de salir de Madrid el vehículo del Ministerio de la Guerra fue obligado a detenerse en un control de la FAI situado en Vallecas. Tras superarlo sin demasiadas complicaciones, el coche conducido por Fernández-Castañeda se volvió a encontrar con un segundo control, en este caso en el Puente de Arganda. También en esta ocasión, los tres fugados consiguieron salir airosos de las preguntas incómodas de los milicianos. 
Listado de los refugiados que salieron de
España gracias a la embajada argentina.
Entre los refugiados está Fernández
Castañeda

Desde ese instante y hasta Albacete el trayecto fue de lo más plácido. Sin embargo, cerca de Almansa el vehículo empezó a dar tirones hasta que se detuvo en la entrada del pueblo. El coche se había quedado sin gasolina y en la localidad albaceteña no era posible posible encontrarla. Tanto Fernández-Castañeda como Álvarez Miranda se plantearon pasar la noche allí, pero la insistencia de Serrano Suñer fue determinante. Según cuenta el falangista en sus memorias, "mendigamos gasolina y entre un garaje y la casa de un pariente del Alcalde y conseguimos una pequeña cantidad de combustible, con lo que pudimos llegar"

Esa misma noche, Fernández-Castañeda y sus dos acompañantes llegaron hasta Alicante. El Comandante dejó a Serrano Suñer y Álvarez Miranda en el Consulado de Argentina en esta ciudad mietras que él siguió rumbo a Valencia para entrevistarse con el Capitán General. Aquella entrevista, protocolaria cien por cien se celebró con total naturalidad. De hecho, desde la Capitanía de Valencia Fernández-Castañeda telefoneó a Miaja para decirle que había llegado sin contratiempos a su destino y que volvería a la capital en cuestión de horas. Lo que no le dijo al veterano militar asturiano es que ya no iba a regresar nunca más a Madrid. 

A la mañana siguiente cogió el mismo coche con el que había ido a Valencia y se desplazó hasta Alicante. Al igual que habían hecho el día anterior Serrano Suñer y Álvarez Miranda, el Comandante Fernádez-Castañeda también consiguió acceder al Consulado argentino gracias a las gestiones realizadas por el cónsul argentino Lorenzo Barreda. 

Nuestro protagonista pasó varios días en el Consulado de Argentina a la espera de ser evacuado en barco a las costas francesas. Mientras tanto, desde Madrid, el General Miaja se empezó a preocupar por la ausencia de su ayudante que ya llevaba varios días "desaparecido". La Junta de Defensa de la Capital organizó dentro de Madrid una intensa búsqueda ya que algunos pensaban que el Comandante podía haber sido secuestrado tanto por los franquistas como por los anarquistas. Lo cierto es que una semana después ya se daba por hecho que Fernández-Castañeda había desertado. Sin embargo, no causaría baja oficialmente del Ejército Republicano hasta el 25 de junio de 1938, fecha en la que se publicó su baja de las Fuerzas Armadas en el Diario oficial del Ministerio de Defensa Nacional. 
Baja del Ejército Republicano a Fernández
Castañeda

Fernández-Castañeda esperaba con el resto de refugiados en el consulado de Alicante la llegada del barco que tendría que evacuarles de la España republicana. Una tarde de mediados de febrero de 1937, llegaron hasta el consulado un grupo de marineros argentinos, mandados por un tipo al que llamaban el cabo Velázquez, con la intención de empezar a evacuar a los refugiados y subirles a bordo del acorazado argentino Tucuman. Los marineros entregaron a Fernández-Castañeda, Serrano Suñer y Álvarez Miranda unos uniformes de la marina argentina con un membrete en la gorra que ponía 'Tucuman'. Aquellos marineros fueron los cómplices directos de la fuga de nuestro protagonista de la España republicana. 

Ayudado por el cabo Velázquez, Fernández-Castañeda al igual que Serrano Suñer consiguió llegar al acorazado Tucuman que estaba anclado en el puerto de Alicante. Allí estuvo durante veinte días a la espera de que llegaran más refugiados procedentes de Madrid. A finales de febrero, el barco zarpó, llegando unos días más tarde a Marsella. El plan de fuga del ayudante de Miaja había sido un éxito.

Después de la Guerra Civil

Como militar de carrera, Fernández-Castañeda se puso a las órdenes de Franco al llegar primero a Salamanca y después a Burgos. Una de las primeras acciones que aparecieron publicadas en el Boletín Oficial del Estado franquista, fechada a 8 de julio de 1937 (cinco meses después de llegar a la España nacional) fue "dejar sin efecto el ascenso a Comandante"  que había conseguido el oficial en zona republicana. 

En agosto de este año pasó a "disponible gubernativo" y en el verano del año siguiente pasó a estar disponible para el General Jefe del Ejército del Norte. Fue precisamente el 29 de junio de 1938 cuando nació su hijo Luis en La Coruña. 
Esquela de Fernández Castañeda

Una vez terminada la Guerra Civil, Fernández Castañeda siguió haciendo carrera dentro del Ejército, retirándose como General de División. Llegó a ser director general de Enseñanza de las Fuerzas Armadas. Murió el 26 de agosto de 1976 a la edad de 78 años. Su mujer, Salud Álvarez Osorio, moriría cinco años después. Algunos de los hijos de ambos fueron militares de carrera mientras que otros se dedicaron a la religión: fue el caso de José Luis que fue un importante jesuita en la América Latina Meridional que falleció en 2008 mientras ejercía como misionero.

No tuvo tanta suerte el capitán Eusebio Álvarez Miranda, su otro compañero de fuga, ya que murió en combate en la Batalla del Ebro.



Fuentes consultadas

- Hemeroteca Nacional
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Fundación Serrano Suñer
- Hemeroteca ABC
- 'Diplomacia Humanitarismo y Espionaje en la Guerra Civil', Antonio Manuel Moral Roncal
- 'Entre dos fuegos. Melquiades Álvarez y su familia', Sarah Álvarez de Miranda. 

martes, 20 de junio de 2017

Así fue la entrega del aeropuerto de Barajas el 29 de marzo de 1939

Imagen tomada solo dos semanas después de la Guerra
Civil
Al estallar la Guerra Civil el aeropuerto de Barajas no era ni una mínima parte de lo que conocemos actualmente. En realidad en julio de 1936 llevaba muy poco tiempo funcionando, en concreto empezó en 1931, aunque los primeros vuelos comerciales no despegarían hasta 1933.

Antes de entrar en materia y analizar como se desarrolló la entrega de las instalaciones a las tropas de Franco el 29 de marzo de 1939, queremos abordar un suceso que nunca hasta la fecha había salido a la luz y que estaba directamente relacionado con el aeropuerto de Barajas. Se trata de relatar el triste desenlace que sufrió durante los primeros meses de guerra el alma máter, fundador e ingeniero principal del aeropuerto, el teniente coronel Rogelio Sol Mestre. Originario de Lleída, este ingeniero militar había vendido en el año 1929 un total de 164 hectáreas que tenía en su propiedad al Gobierno de la República para que levantara un campo de aviación en la zona de Barajas.

 A los pocos meses de comenzar la guerra, Rogelio apareció asesinado en una carretera de Vallecas el 12 de noviembre de 1936. Junto a él también apareció el cuerpo sin vida de Felipe  Gómez-Pallete, también teniente coronel de Ingenieros cuyo hijo llegó a ser médico personal de Azaña (que luego se suicidaría en Francia en 1940). Tanto Gómez-Pallete como Rogelio Sol eran considerados reaccionarios y derechistas. En los archivos de la Audiencia Provincial de Madrid hay un sumario judicial con la investigación de estas muertes.

Esquela tras la guerra de Rogelio
Ahora centrémonos en la razón de ser de este artículo  que es la forma en la que se produjo la entrega de Barajas a las tropas de Franco.  Lo primero que hay que destacar es que en marzo de 1939, tras producirse el golpe de Casado, el General Hidalgo de Cisneros dejó de ocupar la jefatura de las Fuerzas Aéreas de la República. De hecho, el militar vitoriano se marchó de España el 05 de marzo junto a Negrín y otros miembros destacados del PCE dejando desvalidos a un sinfín de mandos, jefes de escuadrilla y pilotos que confiaban en la capacidad de mando y carisma de Hidalgo de Cisneros. 


Tras el triunfo del Coronel Casado sobre los comunistas en la zona republicana solo quedaba negociar el fin de la Guerra Civil y la entrega del armamento a las fuerzas de Franco. Como sabrán nuestros lectores, el día 23 de marzo de 1939 se mantuvo una negociación secreta en la base aérea de Gamonal (Burgos) entre emisarios republicanos y militares franquistas para pactar la entrega de la capital y poner punto final a la guerra. Una de las exigencias de los nacionales durante aquella negociación era la entrega inmediata de la aviación republicana, como tarde, el 25 de marzo. Se solicitaba que todas las aeronaves del Frente Popular aterrizaran en los aeródromos franquistas de Navalmoral, Cáceres, Badajoz, Mérida, Córdoba, Getafe, Griñón, Velada (Talavera) y Teruel.

La reunión en Gamonal fue tensa. Los emisarios republicanos que participaron en aquel encuentro fueron el teniente coronel Antonio Garijo Hernández y el Comandante Leopoldo Ortega Nieto. Ambos llegaron hasta Gamonal pasadas las 11.00 de la mañana a bordo de un Douglas DC-1, acompañados por tres agentes del SIPM (Servicio de Información y Policía Militar del bando nacional) que trabajaban como infiltrados en Madrid. Sabemos la identidad de dos de estos tres agentes del SIPM, José Centaño de la Paz y Enrique Guardiola. Los emisarios republicanos fueron recibidos por el teniente de aviación Juan Ignacio Pombo, famoso aviador que consiguió unir Santander y México el 13 de mayo de 1935. 
Segismundo Casado

Tanto Garijo como Ortega comunicaron a los representantes del bando nacional que realizar la entrega de toda la aviación republicana en apenas dos días era "casi imposible". De todas formas dijeron que esta exigencia la expondrían ante sus superiores del Consejo Nacional de Defensa en cuanto llegaran a Madrid. Volvieron a la capital pasadas las 17.00h y en el mismo aeropuerto de Barajas comunicaron a los ayudantes más próximos de Casado que la entrega de la aviación era uno de los requisitos más relevantes que habían solicitado los nacionales durante la negociación. 

El Consejo Nacional de Defensa debatió durante la madrugada del 23 de marzo las peticiones de los franquistas en la reunión de Gamonal y todos los presentes coincidieron en la imposibilidad de entregar el día 25 toda la aviación. Por un lado era realmente complicado preparar una entrega completa y por el otro, los aviones eran la mejor vía de escape para abandonar España por parte de personas comprometidas. 

Con el objetivo de retrasar los plazos de la entrega de la aviación, Casado solicitó una nueva reunión con los oficiales franquistas para el 25 de marzo, fecha en la que ya se tendría que haber entregado la aviación. Según un informe interno del SIPM nacional, las Fuerzas Aéreas de la República contaban a finales de marzo con un total de 138 aviones: 12 bombarderos, 54 naves de reconocimiento y bombardeo ligero, 45 de caza y 27 de transporte desplegados en Albacete, Alicante, Ciudad Real, Cuenca, Madrid, Murcia, Toledo y Valencia. 

Finalmente el 25 de marzo de 1939 se celebró una nueva reunión entre franquistas y republicanos en Gamonal: los participantes en aquel encuentro fueron los mismos que en el encuentro del día 23. Curiosamente, Antonio Garijo y Lepoldo Ortega estuvieron a punto de perder la vida antes de partir rumbo a Gamonal ya que un grupo de comunistas pretendían atentar contra ellos en las inmediaciones de Barajas donde iban a coger el Douglas para desplazarse de nuevo a zona nacional. Las fuerzas de seguridad del Consejo evitaron lo que hubiera sido una tragedia. Los emisarios republicanos llegaron más tarde de lo previsto al segundo encuentro en Gamonal, aterrizando pasadas las 15.00.
Caza Polikarpov en la Guerra Civil

Durante la reunión los representantes nacionales se mostraron indignados con el Consejo Nacional de Defensa por no haber entregado la aviación el día y a la hora acordada. La conversación se cortó de manera abrupta por orden de Franco, "harto de tantas dilaciones", según explica Ricardo de la Cierva en su libro 'Agonía y Victoria'. Franco estaba dispuesto a llevar a cabo una ofensiva , en cuestión de horas, de gran tamaño que terminaría finiquitando la contienda.

Durante la conversación, el Coronel Ungría (jefe del SIPM) les preguntó a los republicanos de manera maliciosa si la aviación tenía previsto "venir esta tarde a nuestra zona". Garijo contestó que no sería posible "por el mal tiempo", así como por "no tener en la mano todos los aparatos". Sin embargo sí hizo saber que el jefe de las Fuerzas Aéreas estaba dispuesto a ser él quien se entregase con el personal de su confianza, pero no respondía de los demás aparatos por el temor de que las tripulaciones, una vez en el aire, se expatriasen". También dijo que "honestamente", no creía que la entrega de la aviación se pudiera llevar a cabo en la fecha indicada por "dificultades de orden técnico", teniendo en cuenta la serie de aparatos que tiene: supermosca, mosca, chato, natacha, katiuska, así como el despligue de estas fuerzas que precisaban hacer escala para llegar a los campos señalados.

Garijo afirmó que la Fuerza Aérea Republicana estaba teniendo grandes dificultades para asegurar el "paso completo" de toda la aviación a zona nacional. De hecho, relató un incidente que se produjo en el campo de aviación de Totana donde desertaron tres aparatos tipo 'Dragon' con veinte persoans a bordo. "Estos aparatos fueron puestos en marcha por amenazas de elementos comunistas al jefe del aeródromo", afirmó Garijo.
Ministerio de HAcienda a principios del siglo XX

Garijo y Ortega trataron de ganar tiempo diciendo que su regreso a Madrid podría ser peligroso ya que las condiciones metereológicas para volar eran totalmente adversas: había ventisca en Somosierra y la luz es escasa para hacer la vuelta con todas las garantías. Con todo, el Cuartel General de Franco ordenó a los emisarios republicanos que partieran inmediatamente, rompiendo de esta manera todas las negociaciones. 

Tras regresar los negociadores a Madrid, el Consejo Nacional de Defensa celebró una nueva reunión de urgencia en los sótanos del Ministerio de Hacienda que empezó a las 23.30 y que todavía estaba presidida tanto por el General Miaja como por el Coronel Casado. Allí se analizó la situacion y Casado informó a los presentes de que otros seis cazas republicanos habían desertado. La reunión terminó a las 24.15 y se tomó la decisión de pedir a los agentes del SIPM franquista emboscados en la capital que transmitieran por radio el siguiente mensaje de manera "urgentísima": 

"Mañana lunes se entregará toda la aviación. Rogamos fijen hora. Imposible hoy por servidumbres tecnicas".

 Este mensaje fue recibido por los escuchas del SIPM en la localidad de Torre de Esteban Hambrán a las 02.15h de la madrugada y descifrado a las 02.40. Este no fue el único mensaje que los agentes nacionales enviaron desde Madrid aquella madrugada a petición del Consejo Nacional de Defensa. Pasadas las 03.00h los escuchas volvieron a recibir otro mensaje cifrado que decía:

 "Ampliamos radio anterior para manifestar que tal vez sea posible la entrega de la aviación en la tarde de hoy. En este caso se comunicará oportunamente".

Pese a la insistencia del Consejo de enviar estos mensajes, Franco ya había tomado una determinación horas antes. A las 20.15h (coincidiendo con la llegada a Madrid de Garijo y Ortega) del 25 de marzo el General ya había transmitido a sus tres ejércitos la orden de realizar la última operación militar a gran escala para finiquitar la guerra. 
Exhibición tras la Guerra Civil

El día 26 amaneció nublado sobre Madrid y tanto en la Casa de Campo como en Ciudad Universitaria algunos soldados ya empezaron a confraternizar, conscientes de que la guerra había terminado. El Consejo Nacional se reunió por última vez en Madrid, en esta ocasion sin Miaja que ya se había marchado a Valencia.  Fue una última reunión puramente ceremoniosa ya que no se tomaron decisiones de interés más allá que informar al pueblo de Madrid por radio de la situación. 

Durante la noche del 26 al 27 de marzo, la Quinta Columna empezó a trabajar en Madrid ya de una manera visible controlando las principales líneas de abastecimiento de la capital así como el subsuelo y el transporte público. Precisamente el día 27 fue una jornada de despedidas ya que los principales miembros del Consejo Nacional realizaron un último discurso por radio antes de abandonar Madrid y dirigirse a Valencia. 

El 28 de marzo Madrid estaba plagado de banderas blancas en los balcones y terrazas. Casado realizó uno de los últimos vuelos de un avión republicano trasladándole desde el aeródromo de Algete (todavía republicano) hasta el aeropuerto de Manises en Valencia. Según hemos podido leer en el magnífico blog http://aerodromoalgete1936-39.blogspot.com.es/ la marcha de Casado de Madrid fue a través de un avión Douglas que estaba semioculto entre unos árboles de la finca 'Soto Heredad de la Torre' situada en el noroeste del aeródromo. Muy recomendable la lectura de este blog al que nos referimos para conocer de primera mano como fue la triste marcha de Casado de la capital. En el mismo avión también viajaban José García Pradas (interesante testimonio describiendo la llegada hasta Algete), Eduardo Val y Manuel Salgado Moreira.

Justo este día 28 se celebró en el aeropuerto de los Llanos en Albacete una reunión crucial entre los principales jefes de la aviación republicana entre los que estaban los coroneles Antonio Camacho Benítez (jefe de aviación de los Ejércitos del Centro y del Sur), Manuel Cascón Birega (jefe de aviación y máximo responsable de los Llanos) y los tenientes coroneles Luis Alonso Vega y Leocadio Mendiola Núñez. En el encuentro se acordó que los aviones volaran a Barajas al día siguiente (29 de marzo) y no a Griñón como se había pensado con anterioridad. Se dio libertad a los pilotos de entregarse voluntariamente o expatriarse fuera de España. Los tres mandos, salvo Manuel Cascón, decidieron exiliarse abandonando España en los pocos katiuskas que quedaban en los Llanos. 

Sin embargo hubo otros jefes republicanos que decidieron entregarse en Barajas tanto ellos a título particular como sus escuadrillas. Fue el caso de Francisco Hernández Chacón que rindió casi íntegramente al grupo 30 de Natachas junto a los jefes de la 3º y 4º escuadrilla con un total de 16 tripulaciones. El investigador militar Jesús Salas Larrazabal se carteó mucho años después de la Guerra Civil con Francisco Hernández Chacón que le contó como fue el último vuelo de los Natachas de su grupo. 
Conversación ente Franco con el jefe
de la Legión Cóndor

Según este testimonio, antes de volar desde Albacete hasta Barajas, las tripulaciones decidieron pintar de blanco las banderas de los timones y las franjas de fuselaje. El objetivo era que los cazas franquistas les permitieran entregar las naves con total seguridad en el aeropuerto madrileño de Barajas. Según la versión de Chacón “fue el servicio más desagradable, anodino y acaso peligroso de toda la guerra”. Dijo que varios de sus compañeros les aconsejaban que se fuera a Argelia ya que podían correr el riesgo de ser fusilados en Barajas. 

Lo cierto es que el viaje hasta Barajas de la 3º escuadrilla empezó con el peor de los augurios. Uno de los aviones que estaba pilotado por el teniente Bartolomé Munuera Vera se estrelló en Albacete poco después de su despegue. Según varios testimonios, el teniente Munuera se le ocurrió efectuar “un picado violento” con el objetivo de dar una “espectacular pasada sobre el terreno”. Por desgracia para él, el plano derecho del avión se desprendió y entró en barrena. Munuera (que no era militar profesional) no consiguió hacerse con el control y el natacha cayó contra el suelo. El avión se incendió pero tanto él como su observador, Miguel Mulet Alomar, pudieron salir por su propio pie de la nave malheridos. Ambos fueron trasladados al hospital de Albacete: Munuera moriría horas más tarde mientras que Mulet consiguió sobrevivir pero con una importante cojera en la pierna. 

A día de hoy nadie sabe por qué Munuera realizó aquel movimiento tan extraño que le costó la vida. ¿Quería disfrutar de su último vuelo como aviador antes de entregarse? o ¿pretendía quitarse la vida? Eso nunca lo sabremos.

Los natachas de Chacón no fueron los únicos que viajaron hasta Barajas para entregarse. También decidió volar hasta allí desde Albacete la 2º escuadrilla del grupo 16 de chatos con el capitán Francisco Viñals al frente y el teniente Joaquín García Calvo. 

En Barajas se entregaron un total de 39 tripulaciones republicanas. Veamos como describe el teniente Joaquín Calvo Diago, uno de los que se entregaron, su llegada a Barajas junto a Viñals:

"Aquella mañana, la del 29 de marzo, llegamos a Barajas los pilotos de tres de las cuatro patrullas que componían dos escuadrillas de 12 aviones. Veníamos a entregarnos por orden de nuestros mandos. En Barajas no había ni un alma. Serían las nueva. Yo podía haberme marchado a mi casa y desaparecer pues vivía en Canillejas pero decidí quedarme. Al poco llegaron dos aviones alemanes Messerschmitt, de uno de ellos descendió uno de los jefes de la Legón Cóndor, Wolfran Von Richtoffen, sobrino del famoso Barón Rojo, as de la aviación alemana en la I Gerra Mundial. Se dirigió a nosotros con la frase: 'Ayer enemigos, hoy amigos'. Fue muy amable. Los alemanes estaban fascinados con los chatos, nuestros cazas biplanos Polikarpov I-15 con cuatro ametralladoras tras el motor único. Su maniobrabilidad les tenía seducidos.Nos pidió verlos. Yo le acompañé. Luego le pedí ver su avión y me lo enseñó. Mientras nuestros aparatos tenían los mandos hechos con bolitas de madera, los alemanes eran de ámbar y otras lindezas. Poco después llegó el infante Alfonso de Orleans, uno de los jefes de la aviación de Franco. Me presenté a él militarmente y entonces me espetó: 'Pero si tú eres un mierda y un mocoso'. Yo tenía 19 años y un aspecto aniñado"
Poco después de la llegada de estos dos aviones alemanes a Barajas hizo entrada un avión nacional con un alferez a bordo que repartió agua y algo de leche condensada entre las tripulaciones republicanas. Después, como ya se ha dicho, llegaría Alfonso de Orleans que ordenaría a los republicanos formar junto a la pista de aterrizaje y pidió que los jefes de escuadrilla que dieran un paso adelante. Según varias versiones Alfonso de Orleans insultaría a los responsables de estas escuadrillas, versión que se parece a la facilitada por Calvo.
Libro dedicado a Arquímides Gómez

Los pilotos republicanos, ya en calidad de prisioneros, pasaron la noche en Barajas y fueron trasladados al día siguiente hasta la cárcel Porlier y no hasta Alcalá de Henares como estaba previsto. Entre los pilotos que se entregaron se encontraba un maestro de escuela albaceteño llamado Arquímides Gómez Palazón, que durante la Guerra Civil había hecho un curso de piloto en la Unión Soviética. Llegó a ser jefe de escuadrilla del grupo 24 de katiuscas y estuvo a las órdenes directas de Leocadio Mendiela. Fue juzgado en julio de 1939 y trasladado posteriormente a Valencia donde fue sometido a un Consejo de Guerra, junto a otros 32 aviadores republicanos, que le condenó a muerte. Fue fusilado el 09 de noviembre de 1939 en el cementerio de Paterna, sin embargo al resto de sus compañeros les conmutaron la pena por cadena perpetua. A día de hoy sigue siendo un misterio el fusilamiento de Arquímides Gómez y la salvación de sus compañeros. 

También fue fusilado al terminar la guerra el responsable de la aviación republicana que había decido entregarse, el coronel Manuel Cascón que pudo haber escapado con otros altos oficiales a Argelia pero que prefirió quedarse en España asumiendo "todas las consecuencias". Fue juzgado el 20 de julio de 1939 y durante la sesion, cuando el fiscal se refirió a él como "coronel de la Aviación roa", Cascón le replicó e la siguiente manera: "De ninguna manera. Soy coronel de la aviación republicana. Yo no me rebelé nunca. Quiénes os habéis rebelado habéis sido vosotros". Murió fusilado en Paterna el 3 de agosto de 1939.

Terminada la Guerra Civil, también fue juzgado en Valencia Joaquín Calvo Diego, el teniente republicano que tuvo el encontronazo con Alfonso de Orleans en Barajas. Se le acusó de haber asesinado al aviador nacional Carlos de Haya al que se había enfrentado en la Batalla de Teruel y que moriría en combate en 1938. La esposa de De Haya declaró como testigo de cargo en el juicio y destacó que a su marido "no le habían asesinado sino que había muerto en combate". De esta manera Joaquín Calvo pudo salvar la vida, permaneciendo solo tres años en prisión. La Democracia le reconoció en 1984 el grado de Coronel y en sus últimos años y hasta 2010 fue presidente de la Asociación de Aviadores de la República. 

Fuentes consultadas

- 1939, Agonía y Victoria, Ricardo de la Cierva
- Así cayó Madrid, Segismundo Casado
- Ases de la aviación republicana, Rafael A. Permuy López
- Arquímides López Palazón, un Quijote con alas rojas, Otelo Fuentes
- Hemeroteca ABC
- Biblioteca Virtual de la Defensa
- Hemeroteca Nacional
- Causa General
- Blog: Aeródromo de Algete 1936-1939